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Mini trama ▲ Grace y Jack

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Ambientación

Espacio: Bosque.
Tiempo: 11 de Febrero - Media tarde.
Clima: cielo nublado, posibilidad de tormenta.
Participantes: Grace L. Edwinson y Jack A. Hudson.
Publicado por Whispers el Dom Mar 13, 2016 3:40 am
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Misma excusa, diferente escenario; siempre me movía de forma similar por el internado, intentando convertir cada sombra en mi aliada para que nadie pudiera descubrirme con las manos en la masa. O con los bolsillos llenos de cigarrillos, si te resulta más acertado.

Me encantaba la música. Desde pequeño podía pasarme horas encerrado en mi cuarto escuchando algún CD que hubiera comprado en la tienda de segunda mano de la esquina de mi calle, repasando las grandes obras de los compositores más clásicos o aporreando una guitarra hasta que mi madre decidiese ejercer el papel de bruja del cuento y destrozar la armonía a puro golpe de escoba contra el techo de la cocina. Era su particular manera de decirme que se estaba jugando un castigo en mi contra y tenía todas las de perder.
No sé si era por el escaso acceso del que disponíamos todos los alumnos a la música -me hubiera gustado acceder a mi Spotify cuando quisiera-, por el excesivo nivel de trabajo que me había autoimplantado durante las últimas semanas o porque el profesor de las clases extraescolares se comportaba como un completo imbécil, pero sentía que ni siquiera mi canción favorita lograría levantarme el ánimo. Cuando miraba a mi alrededor todo estaba teñido del mismo tono gris del cielo, tan triste que incluso hacía mella en mí, un tipo que se ríe en la cara de todo aquel que se queje de su vida.

No, no se trataba del cielo. Es que el de Música era idiota. Definitivamente.

Al finalizar la clase de aquel jueves fui de los primeros en abandonar el aula. Normalmente remoloneaba y me tomaba mi tiempo para guardar mis pertenencias ordenadas, pero cuando nos avisaron que podíamos marcharnos, metí todo dentro de la mochila, me la colgué de un hombro y salí corriendo sin ni siquiera despedirme. Estaba harto de escuchar bobadas y odas a la ignorancia musical de mis compañeros, que creían que el pop actual era digno de ser temario de clase. Y el profesor, encima, ¡les seguía su jueguecito vomitivo! ¿Querían destrozar el gusto musical de los demás o qué?
O contagiarnos su estupidez. Por eso salí corriendo a toda velocidad, evitando incluso el rozar a los alumnos “X”. ¿Y si acababa contagiado por su enfermedad mental?

Quería fumar. Necesitaba fumar y despejarme, pero la azotea era una mala opción. El día anterior me había topado a una profesora dando clase de ¿astrología, meteorología, astronomía harrypottérica? a unos alumnos de primer curso, así que prefería evitar encontrármela de nuevo. Dos visitas sucesivas al mismo lugar levantaría sospechas, que puede que el elenco de profesores fuese bastante incompetente en su mayoría, pero un par de ellos aún parecían tener neuronas vivas.

Por eso el bosque se convirtió en mi mejor opción. A esas horas la gente solía evitarlo, pues hacía frío y la oscuridad empezaba a adueñarse del terreno, así que no dudé en dirigirme hacia allí. Conocía bien las partes que lindaban con el internado, ya que me escondía entre sus árboles a menudo, así que no tardaría en ocultarme. Los supuestos fantasmas que se paseaban entre los árboles harían el resto, espantando a cualquier crío que se atreviese a seguirme.

Como había imaginado, los jardines estaban vacíos. Cruzar el terreno hasta internarme entre los árboles fue una tarea demasiado sencilla para alguien que adora encontrarse dificultades que resolver. Me sentí un poco decepcionado. Tras comprobar que no había ni rastro del guardabosques por allí, al que siempre precedía el ladrido de sus perros, me apoyé contra la corteza de un árbol especialmente grueso y rebusqué en un bolsillo de mi cazadora vaquera hasta dar con la pitillera. Aunque no me había quitado el uniforme, salir al bosque sin más abrigo que un jersey era una "hazaña" digna de un loco.
Y yo aún no lo estaba.
Coloqué uno de los cigarrillos entre mis labios y lo encendí con una velocidad magistral, digna de alguien que está acostumbrado a usar un mechero. Cuando me aburría solía jugar con el Zippo, abriéndolo y cerrándolo como si fuera un cowboy que tiene una pistola entre las manos, así que era capaz de accionarlo en pocos segundos.

Todo era silencio; silencio y oscuridad pues, aunque el sol no se había ocultado aún del todo, las abundantes copas de los árboles de hoja perenne no permitían que la luz traspasase de forma abundante. Me gustaba. Parecía que hasta ella tenía miedo de internarse en aquel lugar, que de tantas desgracias había sido testigo.
Ni siquiera los pájaros anidaban ya en él. Sus trinos habían desaparecido con la llegada del frío, al igual que la valentía de la mayor parte de los habitantes del internado.
Frío que muchos decían que jamás se iría.
Publicado por Jack A. Hudson el Dom Mar 13, 2016 11:02 am



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Extrañaba a Ezra, y no se sentía egoísta al pensarlo. Cuando entró al internado había pensado en no hacer amigos, no familiarizarse con nadie, evitar a todos, ignorar a todos, pasar caminando como quien tenía todo el poder, pero no lo compartía con nadie, pero todos sus planes se habían ido al retrete, no podía evitar no sentir. Grace podía ser la joven dura, fría y desinteresada siempre que se lo propusiera, pero no podía evitar interesarse o preocuparse. En el fondo, muy en el fondo, era una joven más que sensible.

Ante todos los demás había mostrado una despreocupación que era para preocuparse, muchos se preguntaban porqué la joven no estaba caminando por las paredes tratando de encontrar a su amigo, a uno de sus mejores amigos, pero Grace, con experiencia, se mostraba indiferente a todo lo que estaba aconteciendo. Era su punto fuerte, fingir que lo que más le preocupaba en el día, era que el color de sus uñas no combinaba con su atuendo.

Esa tarde cuando acabó con sus obligaciones, siguió la rutina de gimnasia que se había puesto hacía unas semanas. Su intención era mantener su forma, incluso había avisado en las cocinas que era vegetariana y que por las noches se contentaba con algo liviano. Estar delgada era primordial para la vida, y Grace no estaba excedida, pero no le gustaba que su cuerpo perdiera firmeza.

Se concentraba en esas cosas que no tenían importancia, que carecían de sentido, pero que ocupaban su mente.

Su ropa también tomaba las necesidades de la joven. Era más provocativa, más llamativa, lo suficiente para que se llevara toda la atención que se tenía que llevar ella. En clase ya era la tercera vez que la regañaban por llevar la falda a la altura justa para que no se viera lo que debía permanecer oculto, pero aún así calificaba como demasiado corto.

Cuando tuvo que salir afuera, se colocó un top deportivo rosa fluorescente, debajo de una remera blanca que dejaba a la vista su panza, y unos shorts cortos color negro. Logrando su misión, le guiñó un ojo a uno de primero mientras se dirigía al exterior atando su pelo en una coleta alta.

Tomó un trote rápido ni bien terminó de calentar. Hacía demasiado frío para la forma en la que estaba vestida, pero una vez que la velocidad aumentó lo suficiente, dejó de notarlo. Extrañaba la música a todo volumen sobre sus oídos, tan fuerte que le impedían pensar. Extrañaba su móvil y sus listas de reproducción que representaban su estado de ánimo según el día de la semana. Seguramente ese día estaría escuchando Martes, porque era el día más triste de la semana según la rubia.

Levantó la vista cuando tropezó con la raíz de uno de los árboles, la precaria luz del día, dado el cielo nublado dejaba ver poco del camino. Mirando hacia atrás pensó que debería haber tomado el sendero que iba por el bosque en vez de hacer su ruta como si nada importase. Una mirada al cielo bastó para saber que pronto se largaría a llover, y por más que amaba ese fenómeno, quería regresar al internado. Sus pisadas dejaron una marca en el suelo cuando aceleró para volver a casa, pero unos metros más adelante clavó sus pies en el suelo para frenar, con la desgracia de derrapar y caer al suelo. Frente a ella una figura se recortaba entre las siluetas de los árboles. No estaba demasiado lejos, y por un momento sintió el peso de todo lo sucedido sobre ella, por eso había frenado de golpe. Lanzó una mirada a su pierna que se había raspado con una rama, y esperando que cuando levantara la vista, la persona se hubiera ido o notara que sólo era la sombra de un árbol.
Publicado por Grace L. Edwinson el Sáb Mar 19, 2016 11:28 pm




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Ambientación

Cuando la noche comienza a caer la oscuridad empieza a tomar forma. No era más que otra noche en los bosque de Escocia, con un viento que calaba los huesos y temperatura que disminuía a medida que avanzaban las horas. Una sombra caminaba por el bosque sin hacer ruido, moviendo los hilos que tenía que mover antes de que saliera el sol nuevamente. Se detuvo cuando observó que no era la única persona fuera, y entre los árboles miró al muchacho que fumaba en aquel lugar perdido. Haciendo el menor ruido posible comenzó a retirarse a paso lento. Mientras más lejos estuviera, más fácil sería escapar en caso de que las miradas se posaran sobre sí.
Publicado por Whispers el Dom Mar 20, 2016 12:25 am
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La paz que se respiraba en el bosque no parecía normal. El silencio era precedido por más silencio. No se escuchaban animales. Tampoco el sonido de la madera al crujir, y mucho menos el susurro que producían las hojas al caer sobre la esponjosa nieve. Si alguien me hubiera asegurado que estaba en Aokigahara, donde perderse resulta una condena que se paga con sangre, probablemente lo hubiese creído. La ausencia de vida, de viento y de luz entristecían tanto el paisaje bucólico que ni el más valiente de los pintores hubiera querido retratarlo.

Pero un fumador empedernido, cuyas agallas se activan cuando necesita calmar su vicio, saca fuerzas de donde no las hay y se enfrenta al mismo demonio si es necesario.

Solo se oía el chasquido de mi mechero al cerrarse, precedido por las espiraciones de humo; ritmo binario que se repitió sin interrupciones durante más de cinco minutos, hasta que consumí el cigarrillo hasta sus cimientos.

Hasta que el rumor de unas pisadas cortaron mi aliento y me hicieron cerrar el mechero de golpe para no volver a abrirlo.

Estuve seguro de que me habían pillado saltándome las reglas durante lo que me pareció una eternidad. Permanecí pegado al árbol, sin respirar y con la boquilla del cigarro entre los dedos. Había olvidado que tenía que apagarla. Volví a la realidad cuando el papel se consumió y sentí el ardor en la piel, logrando que la arrojase contra la nieve al instante, bufando como un gato lastimado.
Perfecto, me había quemado -muy superficialmente- dos dedos de la mano derecha. No está de más decir que soy diestro, por lo que aquello equivalía a dañar el material con el que trabajaba.

Después de soltar una ordinariez de las que intento que nadie me escuche decir, traté de agudizar el oído para descubrir por dónde se acercaba el supuesto profesor. Al escuchar sus pasos caminar a toda velocidad hacia mí, me agazapé aún más contra el árbol. Pero el castigo jamás llegó; pasó de largo junto a los pasos de la persona que huía -o que corría, o que paseaba. Yo que sé-, a la que no pude ver por culpa de los árboles. Fruncí el ceño al momento, con una mezcla de extrañeza y dolor, y decidí que tenía que volver al internado. Que aquel asunto era muy raro y que no me parecía normal que una persona se internase en el bosque a esas horas de la tarde.

Jack... ¿Y te atreves a juzgar tú de lo que es y no es normal?

Decidirse a actuar y actuar en sí son cosas muy diferentes. La razón me decía que me marchase, pero ya sabes que, cuando mi mente se obnubila, actuar con lógica se vuelve una tarea sumamente complicada. Por eso decidí seguir a mi instinto, arriesgándome a equivocarme por vez número cien mil, y caminar detrás de las pisadas, que cada vez parecían más lejanas. Ya había cumplido con creces mi cupo de actividades arriesgadas aquel año, pero si era capaz de saltarme mis propias reglas y relacionarme con gente que no conocía para descubrir la verdad del internado, ¿qué me impedía seguir a una figura desconocida en busca de un poco más de luz?
Si terminaba siendo “el sospechoso número uno” cruzaríamos un par de palabras los dos.
En el fondo quería que fuese alguien de los que aparecía en mi lista de "personas a las que recriminar por comportamientos extraños". Pagar con él/ella que me había quemado y que el profesor de Música era imbécil no podía resultarme más alentador.

No tardé demasiado en comenzar a apretar el paso, al punto de tener que saltar los arbustos con los que me iba topando para no tropezar. ¿Quién, en su sano juicio, corre a esa velocidad por un bosque oscuro?

¿Y quién, en su sano juicio, persigue a la persona que huye? Jack, para gustarte el cine de terror demuestras ser un maldito torpe. Y mejor no hablar de las pocas neuronas que parecen quedarte.

El ruido cesó de golpe, frenando también mi carrera. La persona a la que había perseguido sin descanso no era otra que la Barbie de Todo a cien, que en esos momentos estaba tirada en el suelo a unos cuantos metros de mí. No necesitaba acercarme para saber que era ella. Ya conocía el efecto luminoso que producía su pelo cuando la luz que se refleja en él es escasa.

La hubiera ayudado de no ser ella; si nuestro último encuentro no hubiese sido tan tenso, podría hasta haberla cargado a caballito hasta el internado si no podía andar. Pero no iba a tener tanta suerte aquella chica. Decidí ocultarme detrás de un árbol, tratando de que no pudiese verme, y permanecí atento a sus movimientos. Quizá estaba haciendo footing porque se le había ido la cabeza. A lo mejor había quedado con el gorila de séptimo para tener un escarceo en pleno bosque, donde nadie los viese -de ser así, me hubiese apenado mucho no tener mi teléfono móvil. Chantajearla con un vídeo así hubiera sido muy divertido-.

O quizá... ¿Quizá la había prejuzgado? ¿Quizá guardaba debajo de su fachada de vanidad y estupidez un verdadero cerebro del crimen?
¿Quizá Grace no era tan inocente como parecía?

Quiero destacar que la creía inocente porque no veía viable que a esa chica le diese el cerebro para otra cosa que no fuera maquillarse y respirar.

Publicado por Jack A. Hudson el Dom Mar 20, 2016 1:19 am



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Suprimió la exclamación de dolor cuando puso la mano sobre la pierna para analizar los daños. No era más que un raspón, pero dejaría un hermoso hematoma, nótese el sarcasmo, y había un poco de sangre. Tranquila, luego de la caída y del susto inicial, levantó la mirada esperando, ilusamente, que la figura no se encontrara, pero seguía en el mismo lugar. Pensó nuevamente que debía ser un error, un efecto de las sombras de los árboles, pero mientras más la miraba, más se daba cuenta de que esa figura era humana, y mientras más se daba cuenta más se asustaba. Personas desaparecidas, el cuerpo de esa chica que habían encontrado, el pasado de Yvette, todo pasaba en su mente como borrones que se repetían para indicarle que estaba en problemas.

Un grito ahogado salió de sus labios cuando vio que la figura se movía. Al principio le había parecido que estaba caminando, pero con el susto no se había dado cuenta, ahora que lo hacía comenzaba a tener más miedo. La luz era poca, era nula, más bien. Ella estaba sola, y no había nada peor que ver algo que daba miedo, que perder de vista a ese misma sombra. Eso era mucho peor que ver una abeja que se acercaba a ella.

Al chocar contra el árbol que estaba a sus espaldas, se giró alterada para ver que se trataba del mismo, y al llevarse la mano al pecho se dio cuenta de que estaba cubierta de tierra. Miró hacia abajo. Se había arrastrado hacía atrás lentamente sin darse cuenta. Debía estar a un metro del lugar donde había realizado su caída.

Su mente, rápidamente, se lleno de preguntas. ¿Qué debía hacer? Esa era la pregunta más importante, después, tras una ducha o en la ducha podía pensar que era lo que había ocurrido, pero por el momento, tenía que tomar una decisión. La primera idea era ponerse de pie y salir corriendo tan rápido como sus pies se lo permitieran rumbo al internado, y se afronta a las posibilidades de ser perseguida o tomada por loca si se lo contaba a alguien. Otra posibilidad era esperar a que aquella sombra se retirara, si resultaba ser un compañero del internado, no se expondría al ridículo que mostraba en ese momento, y podría regresar con aparente tranquilidad a las instalaciones e informar que se había caído en la enfermería, donde, de paso, podrían mirar su pierna. Una tercera opción, era perseguir a aquella persona, lo que traía varias consecuencias, si la alcanzaba y era alguien conocido del internado, quedaría como una paranoica, y si no era nadie a quien reconociera, entonces no sabría que hacer.

¿Y si se trataba de Halsey? Aquella niña que había aparecido en la historia de Yvette en la noche de brujas, aquella que luego creyeron perseguir y que los guió al cuerpo de una chica asesinada. ¿Habría sido ella quien había puesto las notas? ¿Habría sido ella quien había tomado a su amigo? ¿Y si Ezra había visto algo? En las navidades Ez se había adelantado, ¿Qué pasaba si no había contado todo lo visto anteriormente? ¿Si había visto algo? ¿Si ahora ella estaba viendo algo que no debía ver? No quería ser secuestrada, mucho menos morir, no quería morir de esa forma, su remera estaba llena de tierra, no era justo.

Rodeo el árbol con cuidado sin apartar la mirada de la sombra. Estaba lista para irse dando marcha atrás, usando sus manos para prevenir cualquier accidente. Su plan era sencillo, cuando estuviera lo suficientemente lejos se iría corriendo al internado, se daría una ducha e iría a enfermería a explicar lo que le había pasado en la pierna. Nadie tenía que saber lo que había visto, podría llegar a quedar como una loca y, eso, era lo que menos quería. Se iría, sin ser vista. Todo tenía sentido, era un plan perfecto.
Publicado por Grace L. Edwinson el Lun Mar 21, 2016 12:23 pm




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Ambientación

Con una sonrisa en sus labios se alejaba con la paciencia necesaria para hacer el menor ruido posible, agradeciendo tener puesta la capucha de manera que, en caso de ser visto, no identificarían de quién se trataba. El sonido lejano de pisadas sobre la tierra obligo a la sombra a voltearse para ver a una joven caer sobre el suelo. Se quedó quieta esperando alguna reacción, y la joven levantó la mirada. Mala suerte para ti, pensó en su mente mientras se movía y comenzaba a rodear la zona para acercarse a la joven. Mientras un pasó daba, la otra retrocedía. Que lindo juego me has traído esta noche, agradeció para si misma mientras una sonrisa se extendía aún más. La joven iba para el lugar que no debía, para el lugar donde la sombra la guiaba. El ruido de la fricción de la soga no tardó en hacerse escuchar, y en menos de un latido, la joven quedó colgada de los pies. Buena suerte, querida Le deseo mentalmente mientras dejaba escapar una risa espectral. Que importaba que supiera que era mujer, antes de poder decirlo debería sobrevivir a aquella noche invernal.
Publicado por Whispers el Mar Mar 22, 2016 12:33 am
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¿Qué narices...? Yo sinceramente esperaba que apareciese un chaval de séptimo curso a pelar la pava con Grace, o que la rubia se transformase en una urraca y se marchase volando, pero lo que presencié desde mi refugio en el árbol superó con creces mis expectativas además de cortar mi respiración. Después de toda una vida escuchando que la realidad supera la ficción, en ese momento descubrí que esa afirmación era totalmente cierta.

De la espesura del bosque apareció una segunda figura, pero no pertenecía a la del fornido chico que tenía en mente. Si se hubiera tratado de una película de serie B, hubiese jurado que era Slenderman, que venía para llevarse a la joven. Pero no estábamos en una película. Grace también la vio y probablemente se sintió tan sorprendida como yo, pues empezó a caminar hacia atrás, huyendo de ella. Fruncí el ceño, sintiendo unas terribles ganas de gritarle que se marchara corriendo y se dejase de estupideces. ¿Cómo podía permitirse ser acorralada de una forma tan clara en el centro del bosque? ¿Quería que la violasen y aparecer colgada en la alambrada?

La oscuridad jugaba en mi favor, además de la espesura de los árboles. Yo podía contemplar la escena desde mi posición privilegiada, pero ellas no conseguirían verme a mí si no traspasaba los arbustos. De haber sido tan mala persona como me consideraba, seguramente hubiese aprovechado para irme corriendo, dejando allí a la rubia gritando a la nada y abandonada a su suerte. Nadie sabía que estaba siendo un espectador de la escena. Podría haber salvado mi trasero...
Pero no quería exponerme a escuchar los gritos de Grace en mi cabeza si realmente llegaba a ocurrirle algo grave. Suficientes fantasmas vivían ya ahí como para, encima, contar también con ella de huésped.

Un chasquido rápido cortó el silencio sepulcral del bosque; fue tan, tan rápido que ni siquiera conseguí descubrir cómo había ocurrido. Sólo pude tragar saliva y apretar los puños al verla colgada bocabajo de un árbol. Grace y yo nos llevábamos tan mal que puede que hubiese fantaseado alguna vez con encontrar su cuerpo abierto en canal, pero no era lo que de verdad quería.
Cerré los ojos y conté mentalmente hasta diez, tratando de tranquilizarme e intentando aclarar mis ideas. Funcionaba mejor bajo presión. Mi impulsividad sumada a la agudeza mental que me caracterizaba no tardaron en hacer acto de presencia, afortunadamente. En ese momento me parecieron casi superpoderes. En una película hubiese logrado salvarla en cuestión de segundos.
Pero no estábamos en una maldita película, joder.
Sin embargo, ¿qué perdía por intentarlo? ¿Qué tienes que perder, Jack Hudson, si ni siquiera eres libre para abandonar los muros del internado?

Cuando volví a abrir los ojos calculé mentalmente la distancia a la que se encontraba la sombra de Grace. Necesitaba estar seguro de que contaría con un buen margen de tiempo para actuar. Quedaba cerca de Grace, pero no lo suficiente como para verme si rodeaba los árboles y me acercaba desde atrás al que se había convertido en su "trampa mortal". Y ese fue mi plan A, el cual decidí llevar a cabo mientras rezaba a Zeus para que me regalase un plan B.

Decidido a no perder tiempo, comencé a caminar por encima de los arbustos, pero siguiendo por el rabillo del ojo la escena que tenía lugar a escasos metros de mí. Cuando faltaban aún unos metros olvidé mi plan inicial de acercarme sin hacer ruido, apretando el paso y pisando ramas y arbustos indiscriminadamente. Al alcanzar el árbol me encaramé a él de un salto, aunque al agarrar la primera rama noté cómo me resbalaba el pie. La humedad del suelo no resultaba una buena aliada para aquella tarea. En el segundo intento sí logré subirme, y lo que tuve que hacer a continuación fue trepar un par de metros; tarea fácil para alguien que se ha pasado más de la mitad de su vida escalando para que no lo atrapen.

Grace se balanceaba muy por debajo de mí cuando logré alcanzar la rama que servía como sujeción a la cuerda. Sin embargo, el verdadero problema llegó a partir de ese punto: no tenía nada con lo que liberarla. Había caído demasiado tarde en ese detalle. Al ser consciente de ese fallo sentí ganas de arrancarme el pelo a tirones, exasperado por mi metedura de pata. ¿Y tú te consideras inteligente, Jack Hudson?

Pero no me iba a rendir, desde luego.

Mi concentración andaba rozando sus propios límites; tanto que me había olvidado de hablar o expresar lo más mínimo en voz alta, como me ocurría a menudo durante la infancia. En mi cabeza todo se movía a una velocidad vertiginosa y me sentía incapaz de decir nada.

Intenté deshacer el agarre de la cuerda a tirones, pero no sirvió absolutamente de nada; de nada que no fuera asustar a Grace y conseguir que se balancease con más violencia. Volví a apretar los puños mientras me exigía mentalmente que pensase algo, llegando al punto de querer golpearme la cabeza. Era normal verme dándome golpes con lo que tuviera a mano si me desesperaba, pero no actué así esa vez. En cambio, decidí hacer el último esfuerzo desesperado y agarré la cuerda para tirar de ella, sin caer en la cuenta de que la rama no lo soportaría. No obstante, la cuerda se me resbaló entre los dedos en cuanto comencé a tirar, raspando y quemando la piel de mis manos.

Quemando...

La bombillita Hudson se iluminó en ese momento. Casi escuché trinos celestiales porque esa fue, posiblemente, la mejor idea que había tenido en toda mi vida. O así me lo pareció mientras revolvía en mis bolsillos en busca del mechero. Serviría para algo que no fuese joderme la vida o mi salud. Había visto en las películas -cómo no- a la gente liberarse de sus agarres gracias al fuego y decidí emularlos quemando la cuerda que sujetaba a Grace. Accioné el mechero y me encorvé hasta que la llama entró en contacto con la cuerda, partiéndola en cuestión de segundos...

...y tirando a Grace al suelo, pero ese fue un mal secundario y absolutamente necesario. Una vez que vi cumplido mi cometido, volví a guardar el mechero dentro de mi chaqueta y desvié la mirada hasta la sombra. Hubiese dado lo que fuera por ver de quién se trataba, pero al menos tenía un dato sobre ella que presentar a mis nuevos "compañeros de expedición"; una estridente risa femenina, siendo exacto.

¡Eh, tú! Búscate a tu propia rubia tonta que torturar. Esta es mía. —genial, Jack. Sales de tu bloqueo mental y no se te ocurre nada mejor que decir. Qué elocuente eres.
Publicado por Jack A. Hudson el Mar Mar 22, 2016 2:03 am



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El grito escapó de sus labios cuando algo rodeo su pie. Al segundo siguiente estaba colgada de una soga que se aferraba a un árbol. Con su pecho que subía y bajaba medito la posibilidad de gritar nuevamente al darse cuenta de la situación. Una risa lejana, logró que se le helara la sangre y se quedó en la misma posición mientras esperaba que algo más pasará, como un disparo o algo por el estilo. No pasó nada de eso, en cambio escuchó los ruidos de alguien acercándose con velocidad. Estaba lista para gritar nuevamente cuando vio que aquella persona estaba subiendo al árbol. Extrañada y con los ojos llenos de lagrimas por el miedo se tuvo que revolver para ver que iba a hacer aquel individuo que era demasiado grande para tratarse de la persona que se había reído segundos atrás, pero la oscuridad no dejaba distinguir mucho más.

Grace se debatía entre hacer algún sonido para pedir ayuda, quedarse callada por si esa persona lo iba a ayudar o gritar aunque no tuviera sentido. Una chispa redujo todas sus posibilidades. La llama de lo que parecía ser un encendedor basto para que fuera capaz de ver los rasgos de la persona que había trepado por el árbol. Jack Hudson. Su pecho se hundió al largar todo el aire por el alivio que le producía ver una cara conocida. En caso de tratarse de circunstancias diferentes, hubiera pensado que la causante de estar colgada boca abajo, era la misma persona que parecía querer ayudar, pero no era el caso. Todo lo que había pasado en el internado le producía terror, un terror que había estado ignorando y que había fingido superar yendo a correr por el bosque porque, si allí no pasaba nada, dentro del internado estaba segura, pero parecía que había tentado al destino con aquellas salidas. Y lo tendría que pagar luego, cuando tocará tierra, si es que Jack lograba romper la soga.

Sus ojos pasaron de estar tranquilos a abrirse como platos. — Espera, ¿Qué haces? — Preguntó tratando de llamar la atención porque si cortaba la soga, ella iría a tierra, y estaba a una distancia considerable como para saber que se podía llegar a romper la crisma. La imagen de un huevo cayendo al suelo en ese momento se le torno espeluznante. — Vas a... — No terminó de hablar dado que la cuerda cedió. No lo pensó, colocó sus manos como si se tratase de una acrobacia, para caer con ella y no con su cabeza.

El impacto de la tierra quemó en sus manos, antes de irse para adelante. Llegó a frenar la caída con la punta del pie antes de caer al piso en una distancia menor. Rodó para quedar boca arriba. Dejó escapar un quejido. Hubiera llamado idiota a Hudson, pero posiblemente acababa de salvar su vida. Todo lo cuerpo le escoció. Desde los músculos hasta las partes que habían tocado la tierra. Hacía un año había sido animadora, ese tipo de acrobacias sería pan comido, pero no practicar por tanto tiempo implicaba haber perdido la costumbre, y al no haber estirado, la flexibilidad era menor.

La voz del joven la regresó a la realidad. Había sido colgada de un árbol y había una persona misteriosa en el bosque que se había reído de ella. La adrenalina palpitó con la misma fuerza que su corazón mientras se ponía de pie. — ¿Qué crees que haces? ¿Quieres que nos maten? — Preguntó, y al notar el borde de la soga aún anaranjado por el fuego, lo piso con fuerza para apagarlo. Luego se agachó para liberar su tobillo. — ¿Quieres bajar de ahí? Por favor — Pidió, ya de pie, mirando para todos lados para saber donde se encontraba aquella persona. Entre estar de cabeza y todo lo demás, la había perdido de vista, y estaba claro que lo mejor era regresar al internado, pero no iría sola. Podía odiar a Jack, pero en ese momento no se alejaría de él sabiendo que había otra persona en el bosque y que había posibilidades de que sea la causante de la muerte que habían presenciado.

Santo cielo, pensó en su mente. Se suponía que todo se había acabado cuando Gunnhild se había marchado del internado dejando el puesto a Motka. No que la situación empeorara. ¿Por qué había salido a correr al bosque tan tarde? ¿Quién la mandaba? Ahora tenía que soportar todo eso, y lo peor, le tendría que agradecer a Jack cuando hubiera bajado de la rama en la que se encontraba. Ni siquiera sabía en qué momento aquella noche había pasado de ser una noche más a ser una pesadilla. Porque era lo que era, ¿en dónde más podía ser colgada de un árbol, caerse al piso dos veces y que todo el cuerpo le doliera por el esfuerzo y los golpes? Solo en una pesadilla. Eso tenía que ser un sueño. Uno malo, muy malo.

Un sonido entre todo el silencio hizo que se sobresaltara, retrocediendo un par de pasos. — ¿Jack? — Preguntó con voz temerosa y la piel de gallina, recordando de pronto que estaba sumamente desabrigada para la época en la que estaban.
Publicado por Grace L. Edwinson el Miér Mar 30, 2016 11:27 am




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Ambientación

«Presa fácil» Pensó al escuchar el grito de la joven justo a tiempo. Con todas las intenciones de marcharse, giró sobre su mismo eje para seguir con sus labores. Pero no logró hacer mucha distancia cuando una voz masculina le indicó que la joven no sería encontrada congelada y muerta al día siguiente, pero alegre por el desafío, saco una barra fluorescente de su mochila y tomó una rama del suelo para escribir algo sobre el suelo.

Cuando acabó, encendió la barra fluorescente y la tiro sobre las palabras que citaban: "Ya lo veremos". No creyó necesario hacer un juego de luces con la linterna. Suficiente era la pequeña luz naranja que salía de la barra. Sin esperar más tiempo. Desapareció de la escena a toda velocidad. Marcando un camino que llevaba al corazón del bosque. Quizá esa noche tenía un combo de dos por uno.
Publicado por Whispers el Miér Mar 30, 2016 11:47 pm
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