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Shadow of the Woods [Jack]

El trayecto de la biblioteca menor hasta las habitaciones de los últimos cursos fue, exclusivamente, de pensamientos irreales y pocos lógicos en la mente de la joven. Ya alejada de su amigo y de aquel chico de pelo negro, cuyo nombre ya había olvidado, sentía que podía liberar un poco más sus emociones. El tema con Gregg era que Grace  nunca lo había logrado superar, fingía cada día como si nunca hubiera pasado e intentaba seguir adelante, la joven lo sabía, por eso no había hablado con nadie del tema, salvo con Nate, y el joven aún no conocía toda la historia, al menos ella no se la había contado. Mantenía esa historia en secreto porque, cada vez que la recordaba, sus piernas temblaban y su corazón titubeaba, el frío corría por su cuerpo porque sabía que le había fallado y que era una herida abierta que nunca había terminado de cerrar y que no creía que fuera posible que se fuera a cerrar en un futuro cercano. Grace tenía que hacer algo al respecto, y no hacía nada en absoluto.

No creyó que alguien del internado hubiera sido capaz de enterarse de la verdad, pero alguien lo sabía y, si no hubieran sido ellos quienes tomaron el diario, más personas lo sabrían y sería noticia en labio de todos. El funcionamiento de los secretos era la base de la cadena alimenticia de los institutos en esas edades, Grace los conocía bien y no quería verse implicada en ello cuando tanto daño le hacía hablar de aquel triste pasado.

Tan solo pensar que Jack estaba detrás de todo eso le revolvía las tripas. Grace podía jugar con las personas, con los sentimientos de las mismas buscando que se sientan inferiores, pero eso, eso ya era otra cosa, ya se jugaba con sangre y vidas, y lo que más le molestaba es que había jugado con ella. Nadie hacia eso. Era increíble de creer, después de todo lo que habían pasado esa noche, Jack podría haber estado involucrado, se habían reído en su cara. Un horror. Sacudiendo su cabeza y a la vez sus cabellos que aún estaban recogidos en aquella coleta alta se plantó frente a la puerta de la habitación de Jack Hudson. Solo golpeó la puerta tres veces antes levantar el mentón a la espera de que el joven saliera. En sus manos el diario comenzó a quemar y el impulso de tirarlo por su cabeza ni bien abriera la puerta comenzó a nacer, fuerte y decidido. Nadie se reía en la cara de Grace Edwinson, no sin pagar las consecuencias.

No sabía que iba a decirle, pero iba a ese lugar con una sola intención y era descubrir que estaba pasando y ya bastante hinchada de rabia estaba, rabia que se había acumulado entre saber que estaba involucrado y que le había mentido, lo último era lo que más le dolía. Le había mentido. Ella le había preguntado con sinceridad y preocupación si en la carta había dicho algo de Gregg y él había dicho que no. Se lo dijo mirándola a la cara, ¿cómo había sido capaz de hacer algo así? Grace quería matarlo, se estaba dando cuenta de eso mientras se ponía más tensa a medida que la puerta continuaba cerrada y ella estaba allí esperando afuera, con las mejillas enrojecidas por el enojo.
Publicado por Grace L. Edwinson el Dom Ago 28, 2016 5:19 pm




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Cuatro días. Cuatro días había pasado buscando el maldito cuaderno negro por todo el internado. Cuatro días infructuosos en los que no obtuve nada más que tiempo desperdiciado.
Tampoco es que tuviese en mente tareas muy entretenidas en las que invertir mis tardes, pero cualquier cosa me valía si tenía mi cuaderno en la mochila. En esas hojas estaba escrita la clave que descifraba al enigmático Jack: mi vida, mi alma y las letras que sangraba mi bolígrafo. Hubiese preferido terminar colgado de la torre más alta de Hogwarts -en el remoto caso de que ese sitio existiese- antes de que uno de mis compañeros lo leyese. Me leyese.

Cerca de la hora de la cena decidí darme por vencido. Como el enfado me había quitado el hambre, para variar, decidí darme una ducha y subir a mi dormitorio. La puerta, que yo creía clausurada para el resto del día, sonó mientras me ponía el pijama. Di un salto al escucharla, ya que no esperaba a nadie. Nunca lo hacía. Sin embargo, no me apuré en abrir. Preferí terminar primero de colocarme la camiseta, las zapatillas de andar por casa e incluso me miré en el pequeño espejo de pared que estaba colgado al lado de la puerta del armario. No tenía peine cerca, así que me desenredé el cabello pasando los dedos -lo de peinarse es relativo, ya que siempre han sido indomables- con la única intención de hacerme de rogar. Así igual conseguía que la persona se hubiese marchado cuando abriese la puerta. No me apetecía ver a nadie tratando de colarse en mi terreno.

Cuando pasados unos cuantos minutos tuve que abrirla, me topé con la última persona que hubiera esperado que se acercase a mi cuarto. Me apoyé contra el marco de esta, intentando que no se abriese del todo, mientras me cruzaba de brazos. No la saludé. Permanecí en silencio mirándola fijamente cerca de un minuto, a la espera de unas palabras que me anunciaran el motivo de su visita.
Aunque al final recaí en uno de mis hobbies favoritos: soltar alguna gilipollez para sacarla de quicio.

¿Qué, vienes a que te dé un besito? No puedo llegar más allá. Me quedé sin preservativos. —comenté a modo de saludo, sonando tan simpático como siempre. Soy un desastre interpretando rostros, así que no noté que Grace parecía más enfadada que de costumbre.
O bueno, sí que me fijé, pero lo relacioné enseguida a que se encontraba en “esos días del mes”. Si de normal aguantarla se convertía en misión imposible, no quería ni imaginar cómo sería si se me acercaba con todas las hormonas revolucionadas.
Publicado por Jack A. Hudson el Dom Ago 28, 2016 7:47 pm



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Tocó a la puerta, pero nadie acudió a ella, por lo menos no al instante. Retrocediendo hasta dar con la pared, se tomó un momento para meditar sobre aquella irritante situación. Pensar, por más que no fuera su área. Tenía que mantenerse sensata, cuerda, moderar sus impulsos de arrojar agresivas preguntas a una persona que, si se le hablaba de manera tranquila, podía dar las respuestas, solo tenía que buscar una manera de descubrir cuándo le estaba diciendo la verdad y cuándo le estaba mintiendo, como le había mentido en la azotea tiempo atrás. Cerró sus ojos, buscando alguna manera de serenarse, pensar en rosas como su madre le había enseñado para no perder los estribos.

Finalmente la puerta se abrió y aquel repugnante comentario llegó a los oídos de la joven que levantó una mirada encendida, sus orbes verdes parecían esmeraldas colocadas en el fuego carbonizándose.

En un principio había querido mantener la compostura, pedir ingresar dentro de la habitación, hablar como dos personas que querían charlar tranquilamente. Aquellos pensamientos tardaron en desaparecer lo mismo que tardó en aparecer una mueca nauseabunda en sus labios, lo mismo que tardaron en cruzarse ambas miradas. Todo en ella mostraba desagrado ante las palabras, ante la persona que se encontraba frente a ella. Esa persona le había mentido, había visto a Ezra cuando estaba desaparecido, había estado observando a las personas como un acosador paranoico, sabía de personas que estaban ayudando, el mismo estaba ayudando y no estaba haciendo nada.

El impulso fue más fuerte. Solo bastó un pasó para estar lo suficientemente cerca para mover su brazo hasta que palma diera de lleno contra la quijada de Jack. Adiós a la idea de mantener eso tranquilo y privado, no le importaba hacer un escándalo en medio del pasillo, tampoco ponerse a gritar como loca, que era lo que estaba a punto de hacer.

—Tú maldita rata callejera —esputó encarando al joven ignorando el ardor en la mano con la cual lo había golpeado. En las películas se veía mucho más sencillo, pero le dolía más de lo que en su vida hubiera pensado, pero esperó haber contado con la fuerza suficiente para haber generado el mismo grado de dolor en el joven, o por lo menos la suficiente firmeza para resquebrajar su orgullo incorruptible. No obstante, golpearle calmó un poco su interior, probablemente porque era algo que hubiera querido hacer desde el primer momento en que a aquellas facciones se les pudo atribuir un nombre. Conteniendo las ganas de golpearlo por una segunda vez, y considerado la idea con seriedad, levantó el diario para que fuera capaz de ver a dónde iban las palabras de Grace y el veneno que estás destilaban—. ¿Quieres explicarme qué inmundicia es ésta?

Preguntó con sus instintos activos de manera tal que podía retroceder si el joven quería recuperar su diario, por más que una parte de su interior deseaba que negara ser propietario de las palabras que se escribían en aquellas hojas amarillentas y gastadas.
Publicado por Grace L. Edwinson el Miér Sep 07, 2016 3:11 am




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Jack jamás hubiera podido encauzar su vida laboral en pos de la comicidad. Reconocía sus errores aunque no se esforzase en enmendarlos, como todo muchacho con astucia e inteligencia por encima de la media. No le costaba admitir ante el espejo que como bromista dejaba mucho que desear. Pero una cosa es ser un desastre como payaso de la clase y otra muy diferente merecer una bofetada por soltar un chiste.
Y eso fue, precisamente, lo que ocurrió. Grace Edwinson lo golpeó sin compasión por el comentario más inoportuno que Jack había soltado en mucho tiempo.

La media sonrisa del joven se congeló por culpa del bofetón. Grace, a pesar de no destacar por su fuerza descomunal, logró mover su rostro y dejarlo mirando en otra dirección. Y así permaneció más de diez segundos, sintiendo cómo su cabeza quería explotar. Pensamientos de diversa índole se solapaban a gran velocidad mientras que las distintas voces con las que ya estaba familiarizado le gritaban que reaccionase. Que reaccionase de tantas maneras diferentes que no sabía a quién debía obedecer. “Empújala, échala, patéala, grítale... Mátala”
Las distintas voces de su conciencia, al final del día, sonaban todas de la misma manera: como la suya, pero Jack no se daba cuenta de esto. Su temperamento le prohibía escucharse incluso cuando el matiz de sus ideas era lógico. Por eso la impulsividad terminaba haciendo siempre lo que se le antojaba; porque Jack nunca se escuchaba.

Y para la integridad de Grace, al menos en este caso, que no dedicase tiempo a su mundo interior resultó ser de gran ayuda.

Tú... ¿Se te ha derretido el cerebro o qué mierda te pasa? —terminó explotando antes de volver a mirarla, soltando un grito profundo que salió directamente de su estómago. Desde que conocía a Grace la juzgaba como una idiota que actuaba sin pensar, pero no hubiera esperado de ella una reacción tan desorbitada por una broma sacada de contexto. Cuando volvió a girar el rostro y sus miradas se cruzaron de nuevo, el rostro de Jack estaba completamente sonrojado. La ira burbujeaba en su interior y amenazaba con hacerle perder los estribos. Llevaba tantos años sin sentirse enfadado de verdad que había olvidado cómo contenerla.
Sólo Grace era capaz de despertar a la mala bestia que Jack, como todo el mundo, también llevaba dentro.

Maldita rubia oxigenada.

Grace levantó un brazo y él se apresuró en agarrarla por inercia. Tampoco podía presumir de reflejos, pero en momentos de tensión ya he explicado que Jack actúa guiado por su instinto; por su instinto de supervivencia. Y llevarse otra nueva bofetada no es, precisamente, un plan apetecible.

Tu cara de idiota crónica. Esa es la inmundicia que... —comenzó a escupir aquellas palabras guiado por la rabia, sin escucharla. La voz del muchacho se cortó de golpe cuando vio por el rabillo del ojo el objeto del que hablaba Grace. Entonces el pavor fue instantáneo y la ira se mezcló con náuseas, y no precisamente porque sintiese mariposas en el estómago. Su cuaderno... El cuaderno que llevaba buscando semanas... ¿No podía haberlo encontrado otra persona?

En lugar de aflojar el agarre, la fuerza con la que Jack apretaba el antebrazo de la joven se volvió más fuerte. No le importaba hacerle daño. No le importaba hacerse daño. Jack Hudson se estaba volviendo ciego.

¿Ahora te dedicas a robarme, estúpida? ¿Quién te crees que eres?

Siguió apretando su brazo incluco cuando volvió a cerrar la boca. El chico terminó apretando los dientes con la misma rabia punzante, logrando que su cara se tornase aún más roja. La adrenalina impedía que sintiese dolor; impedía que sintiese algo más allá del asco.
Su cuaderno era su vida. Su poesía, sus letras, su alma... Nadie hurga entre las pertenencias de Jack Hudson si él puede impedirlo. Nadie.
Publicado por Jack A. Hudson el Dom Sep 11, 2016 1:06 pm



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Su corazón bombeaba con tanta fuerza que lo podía sentir en su mirada, su pequeño subía y bajaba ante su irregular respiración. Había sido un momento de silencio, aquel momento en el que Jack reaccionaba a lo que ella acababa de hacer, y Grace, por su parte, también comprendía las consecuencias de lo que acababa de hacer. Lo había golpeado, después de tantas veces deseándolo, y sabía que ahora vendría una respuesta, porque si había algo que conocía de Jack es que él nunca sentía pena para responder a otra persona.

Por alguna parte de los pensamientos de la rubia se arrepentía de lo que acababa de hacer, la otra parte recordaba las palabras y deseaba golpearlo nuevamente, no importaba que Jack la mirase anhelando tirarla por la ventana y ver su figura cuando diera contra los jardines. Grace no retrocedió, se quedó en aquel lugar, plantando la cara a aquella persona que era propietario de aquel diario donde se informaba que había visto a Ezra cuando este estaba desaparecido. Podía ser que no sea así, pero si tenía alguna idea de dónde se encontraban los nuevos desaparecidos, entonces tenía que saber dónde se encontraba Carol, no importaba que se tratase de su cadáver. La sola idea le erizo la piel, pero estaba demasiado ignorada para poder prestar atención a aquel pequeño detalle.

Jaló del brazo tratando de liberarse del agarre. Jack era fuerte, podía sentir cada uno de sus dedos aferrándose a su escuálido brazos, incluso sentía como las yemas de aquellos ásperos dedos tocaban nuevamente con la mano del muchacho. Dolor. Jaló una vez más, pero era en vano. No la soltaría, no tan pronto. La joven podía ver la furia salvaje dentro del chico, como brillaba en aquellos ojos que parecían de un verde más oscuro del que la joven recordaba. Trago saliva al darse cuenta que sintió miedo al mirarle a los ojos, al darse cuenta lo mucho que lo había hecho rabiar esta vez. Ansiosa de alejarse lo suficiente de aquel chico para poder tomar aire y pensar con claridad antes de decir algo que hiciera que el agarre del joven se volviera más fuerte, intentó retroceder un paso, pero sus pies estaban clavados en aquel pasillo. Grace no se pudo mover, ganas no le faltaron, y al darse cuenta lo único a lo que pudo acudir fue a levantar una máscara de arrogancia y mostrar lo poco que le importaba lo que Jack pudiera llegar a sentir. Pero ya había abierto la boca, solo que su comentario tardo en ser entendido.

—El único cerebro derretido es el tuyo —respondió en voz baja, pero lo suficientemente firme para no delatar el temblequeo que empezaba a sentirse en sus rodillas. La estaba agarrando con tanta fuerza que estaba segura que al otro día tendría cardenales—. ¿Crees que perdería mi tiempo hurgando en tu basura? Lo olvidaste en la biblioteca menor, solo lo abrí para ver quién era el dueño cuando leí esta… esta… esta barbarie. Ahora explica, ¿qué demonios es esto?

Las palabras de Grace salieron escupidas hacia el joven, y por un momento pensó en qué se sentiría escupir en su cara en ese instante, seguro lo disfrutaría tanto como había disfrutado golpearle en su cara. No importaba que ahora el tamaño del joven la intimidara, por más que no estuviera acostumbrada a ese tipo de intimidación. Sus encuentros con ese muchacho solo habían rozado batallas verbales, muestras de que uno era más inteligente que el otro o tenía insultos más originales. Esa vez, Grace había superado los límites entre ambos, y ahora, tendría que afrontar las consecuencias, y eso incluía el miedo y la decepción que se mezclaban con la furia que ella misma sentía. Si bien le dolía la palma de la mano por golpear a Jack, el brazo donde se mantenía el agarre del chico, más le dolía saber que era verdad que ese diario había regresado a su dueño. Solo había bastado verle la cara para saber que era verdad. Él había escrito esas palabras. Era una bestia. Una abominación que no merecía la pena. De nuevo, una expresión de asco surcó los gestos de la rubia.

— ¿Y bien? ¿Piensas decir algo? —exigió con más bronca sintiendo el calor en su rostro.
Publicado por Grace L. Edwinson el Lun Sep 12, 2016 3:31 am




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Jack hubiese querido entender a Grace. Hubiese deseado de verdad conocer la razón que teñía de odio su iris verde. Hubiese tratado de entenderla si la ira no se hubiera convertido en su nueva dueña.
La fuerza que empleaba en agarrarla no menguó. Es más, Jack y su autocontrol perdido continuaron sujetándola, llegando incluso a zarandearla cuando la joven trató de zafarse. Más adelante se odiaría a sí mismo por haberse convertido en un maltratador en potencia, pero Jack no era Jack. Y “Ese” no tenía límites

¿Barbarie? ¿Qué te molesta? ¿No entender la poesía? ¿Ser tan zorra que ninguno de los tíos con los que vas a estar en tu vida te va a dedicar una canción porque te bajas las bragas al minuto uno? ¿Qué? —escupió aquellas palabras mientras miraba fijamente a Grace. No las masticó antes de soltarlas para recular y elegir una opción más adecuada; algo con lo que pudieran alcanzar el entendimiento. Jack no conocía límites a la hora de discutir. Ni siquiera se le pasó por la cabeza que, de aparecer un profesor, acabaría metido en serios problemas. Aquel se trataba de un bochornoso espectáculo que no debía ser expuesto en un lugar tan público, pero el muchacho no cayó en la cuenta de eso. La fría lógica y el enfado no son buenos amigos.

Notaba la manera apresurada con la que su corazón bombeaba sangre. En su cuello una de las venas comenzó a palpitar, dejando a la vista otra evidencia de la rabia que sentía. Su rostro no dejó de enrojecerse por exceso de sangre que acudía a su cerebro. Tenía calor.
Quería hacer demasiadas cosas a la vez: golpear a Grace, robarle su cuaderno, tirarla al suelo, entenderla… El exceso de voces en su cabeza no lo dejaban pensar con claridad, y Jack incluso llegó a sentir que le faltaba el aliento.

Grace debía de haber leído su último relato. Su carta de redención. La hoja de presentación con la que mostraba al mundo que Jack se trataba de una imagen bien estudiada e irreal. Un loco. Un niño raro al que ni sus padres querían. Esas palabras, sacadas de lo más hondo de sus entrañas, conformaban la única dedicatoria ofensiva que había escrito en toda su vida.
Y entendía que lo odiase por haber fingido que simplemente era un capullo integral. Él también se hubiera sentido engañado.
Él también comprendía el rechazo. Jack Hudson era el mayor detractor de Jack Hudson a la hora de castigarse por su maldita forma de ser.


Jack, ¿piensas de verdad que Grace es una facilona?
No, pero necesito hacerle daño. Tanto daño como ella me ha causado al golpearme.
Publicado por Jack A. Hudson el Sáb Sep 24, 2016 2:20 pm



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Un quejido escapó de sus labios al sentir más fuerza sobre su muñeca, definitivamente le iba a quedar una marca, pero no era eso lo que más le preocupaba. Jack parecía verdaderamente molesto de que haya leído su diario, su precioso diario, y con cada palabra demostraba que había una razón por la que nadie debería leerlo. Grace no sintió culpa, sintió pena, porque no era ella quien estaba siendo usada, que era manipulada como una mera marioneta y después iba por los corredores haciendo alardes de su inteligencia.

—Dime, ¿rebajar a las personas con tal de sentirte superior es parte de las tareas que tienes que cumplir? —replicó lejos de sentirse herida ante las palabras de aquel joven que tan poco la conocía para pensar eso de ella. Jack quería pensar que era doña fulana y que estaba con cualquiera, que lo pensara, al menos ella sabía que nunca lastimaría a sus amigos o compañeros, sobraban señales para notar que ese ser no tenía amigos, y, por lo visto, tampoco tenía una personalidad—. ¿Qué? ¿Te hace sentir mejor cuando vas a dormir todas las noches? “Hoy mostré que soy más inteligente que Grace”, ¿necesitas que te aplauda? ¿Necesitas que pegue una estrellita dorada en tu frente? No eres más que…

Grace se detuvo antes de hablar, sin saber bien que palabra elegir y al final solo terminó negando con la cabeza. No era nadie. No era nadie. Por eso debían haberlo llamado, nadie se fijaría en él, no tenía consciencia, no tenía corazón para hacer vaya a saber qué más le habían mandado a hacer. La joven entendía que acusarla de ladrona, de puta, era lo único que podía hacer para salvarse, y lo único que la enojaba era el doble discurso que el muchacho había usado siempre. No era más que un egoísta, y lo estaba pensando la misma Grace, un egoísta que a la única persona que protegería sería a sí misma.

De poder liberarse, se marcharía allí mismo, reboleándole el diario por la cabeza, ni siquiera quería conservarlo para ver si decía más que aquella parte que tanto había revelado. Pero no era así.

—Solo suéltame, me quiero ir —pidió sin demasiada amabilidad o cortesía. Fue un escupitajo que esperaba que tenga resultado, porque se quería ir de allí. Carecía de sentido hablar con personas como Jack, una persona incapaz se sentir algo de lealtad por las personas, algo de misericordia, no valía la pena ni en lo mínimo—. Toma tu maldito diario y déjame ir, ni siquiera tendrás que preocuparte por volverme a ver.

Agachó la mirada tras pedir eso. Ya la ira inicial se había marchado y solo quedaba el miedo que la fuerza de Jack producía en ella. El miedo y la repugnancia que sentía hacia aquella persona.
Publicado por Grace L. Edwinson el Dom Sep 25, 2016 6:47 am




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Con cada segundo que pasaba se iba un poco del entendimiento de Jack. A esas alturas había dejado de procesar las palabras de Grace y en su mente no había más que un signo de interrogación; un enorme signo de interrogación de color rojo que le gritaba que metía la pata incluso sin pretenderlo. Porque no, Jack no comprendía qué hoja de su cuaderno molestaba tantísimo a la rubia. Aunque pensase que era un bicho raro, aquel se trataba de su problema. Ser diferente a los demás no le parecía un motivo suficiente para llevarse un golpe. No de nuevo.
Cargaba con demasiadas cicatrices internas, producto de peleas de la infancia, por culpa de su “estado mental”. No le apetecía encontrar en sí mismo nuevas marcas que esconder y de las que avergonzarse.

Grace pertenecía a la misma especie asquerosa que los niños que tantas veces lo habían maltratado. Seguro. Maldita niñata ponzoñosa. El ceño de Jack se frunció hasta alcanzar su límite y el muchacho notó que su sangre hervía más intensamente. Sintió un asco tan profundo por la chica que llegó incluso a pensar en golpearla. En golpearla de verdad y causarle muchísimo daño.
El entendimiento de Jack terminó de desaparecer, llevándose también a Jack. Llevaba tantísimo tiempo sin sentir enfado real que había olvidado su truco secreto para vencer a la ira.
Y la ira decidió doblegarlo a él, convirtiéndole en un ser fuera de control; en un ser enfermizo que no atendía ni siquiera a sus razones. En un ser que funciona con el piloto automático encendido de forma totalmente kamikaze.

Grace lo merecía. Lo merecía. Se había burlado de él. Lo había golpeado. Había vuelto a dejarlo a la altura del betún.
Zorra.

Eso que me has robado no es un diario, ridícula. Es mi cuaderno de poesía. —no logró entender las primeras frases de la joven, así que decidió pasarlas por alto. Quizá ni siquiera la escuchó, pues estaba muy ocupado odiándola. Él no obedecía órdenes más que de Jack Hudson, y en ese momento ni siquiera Jack podría haberlo calmado. A pesar de que Grace pidió que la dejase libre, el joven desoyó sus palabras totalmente a propósito. No iba a dejar que se marchara tan tranquila después de haberlo convertido en el centro de sus burlas. Pagaría el dolor de la bofetada. Vaya si lo haría.

Jack dio una patada a la puerta, que estaba casi cerrada, y ésta se abrió de golpe. El muchacho, entonces, arrastró a Grace dándole un tironazo del brazo por el que seguía manteniéndola sujeta. No se molestó en aflojar la fuerza del agarre.

¿Que yo te suelte? No, no. Las cosas no funcionan así, bonita. Vas a explicarme ahora mismo por qué me has golpeado y robado el cuaderno si no quieres que te meta la pata de una silla por el culo. Aquí estamos tú y yo solitos. Puedo hacerte lo que me dé la puta gana para conseguir que cantes antes de que alguien aparezca y te salve. —su tono de voz mermó hasta volverse prácticamente un quejido cuando volvió a cerrar la puerta con otro puntapié. Empujó a Grace contra la madera y alzó su brazo hasta dejarlo apoyado en la misma. Había acercado tanto su rostro al de la chica que hubiera podido contar las lágrimas en sus pestañas en el caso de que llorase. Quería respuestas y las quería ya, o asustarla tanto que se le pasaran las ganas de seguir burlándose de él. La gente asquerosa como Grace merece que los traten mal. Sólo así aprenderán a respetar a los diferentes.

Jack, ¿qué cojones estás haciendo? Tú no eres así. Suéltala, idiota. ¡Despierta!
Es tarde, conciencia. El Jack Hudson que no habla ni se defiende para no molestar ha muerto. Nadie va a volver a meterse con él. Nadie.
Publicado por Jack A. Hudson el Lun Sep 26, 2016 9:33 pm



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