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Like a distant memory [fb] | Phoenix




'Cause there's this tune I found that
makes me think of you somehow
when I play it on repeat
until I fall asleep
spilling drinks on my settee


Octubre 12, 2015

Seguía preguntándome, igual que había hecho desde mi llegada a Dunkelheit, a quién se le había ocurrido la maravillosa idea de poner los entrenamientos durante las tardes en lugar de hacerlo a primera hora del día. Tal vez era porque querían evitar que llegáramos a clase agotados (cosa que, de hecho, nos tendría quietos y nos obligaría a poner atención), pero el resultado era nada más y nada menos que estudiantes con más ánimos para dormir la siesta en sus habitaciones tras horas y horas de clases que de salir a hacer deporte. El clima tampoco era muy alentador, el viento y la lluvia invitaban a permanecer a cubierto con un café y un buen libro.

Así lo habían pensado muchos de mis compañeros aquel lunes nublado, algunos de los cuales me miraron salir del edificio desde su privilegiada posición al frente de la chimenea. En otras circunstancias tal vez no les habría devuelto una sonrisa de complicidad para después seguir mi camino; me habría acercado a saludarlos hasta que me convencieran de que se estaba mejor ahí, secos, calientitos y cómodos. Pero sólo faltaban un par de días para mi cumpleaños, y la fiesta que ya estaba planeando me emocionaba lo suficiente para hacerme correr bajo la lluvia durante horas.

Tarareaba una canción de Artic Monkeys mientras caminaba hacia la pista a paso rápido, con las manos metidas en los bolsillos de mi sudadera. El viento me revolvía el cabello y unas finas gotas de lluvia me rozaban las mejillas de vez en cuando. No era una lluvia de verdad, pero sabía que esa no tardaría mucho en llegar. Sin embargo no me acobardé y continué hasta mi destino. Al llegar noté que sólo había otra chica y tres chicos, y supe que nadie llegaría después de mí. Saludé a todos con un gesto de la mano. El entrenador decidió que no valía la pena esperar más y se dirigió a su pequeño grupo de atletas – Muy bien, muchachos, es hora del calentamiento. Todos tomen un carril y comiencen con los estiramientos.

Asentí a las indicaciones y saqué una liga de mi bolsillo para recogerme el cabello en una coleta. Para cuando me di la vuelta, ya había alguien en mi carril. Miré con sorpresa al chico nuevo, Phoenix, ese que había tomado precisamente el carril cinco a pesar de que había tantos otros libres. Vale, no ese carril no era exactamente mío, pero el cinco siempre había sido mi número favorito, y estaba tan acostumbrada a correr en él que ver a alguien más en ese sitio me irritaba de un modo que me hacía sentir ridícula. No seas estúpida, Delilah, me dije y fui a pararme en el carril seis –Odio el seis – pensé en voz alta sin poder ocultar mi tono de fastidio. Estiré los brazos hacia arriba y me puse de puntillas. Miré hacia la izquierda topándome con la mirada de aquel usurpador. Forcé una sonrisa, incómoda, y miré hacia otro lado. Cierra la boca, Delilah, me dije. Por supuesto, no lo hice: – El miércoles es mi cumpleaños, ¿sabes? Catorce – movimientos circulares con los brazos –. Uno y cuatro. Cinco... – dije la última palabra en voz baja, justo antes de llevarme una mano a la espalda para estirar los hombros. Cinco. Estás en mi carril, Phoenix.
Publicado por Delilah O'Rilley el Jue Ago 25, 2016 12:06 am


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Mediados de octubre. Su mente contaba la cantidad de días que había pasado desde que había llegado al internado. Miró a través de la ventana como la lluvia chispeaba y empañaba los cristales. El invierno se acerca. Carraspeo su voz para volver al mundo real y se cambió el uniforme por unos shorts y una camiseta de tirantes. Se arropó con una sudadera de cremallera negra. El color negro. No sabía si era porque describía su vida a la perfección o por qué, pero siempre se había sentido atraído por aquel color. Y siempre lo llevaba. Se le hacía extraño el verde el uniforme y el beige de sus pantalones, pero tendría que acostumbrarse.

Se dirigió a las pistas de atletismo con la capucha alzada, para no mojarse. Si bien vio a como sus compañeros de atletismo iban llegando, no los saludó. Llevaba un escaso mes allí y no había establecido relaciones con casi nadie, tan solo un par de palabras. No, no quería ni atarse ni tomarle cariño a nadie. Así era con la gente, y no iba  a cambiar por verse rodeado e estudiantes de su edad. Un lobo solitario. Las personas te decepcionan, te tratan mal y luego te dejan tirado. El único ser humano con quien Phoenix había sido alguna vez una persona normal, la única a la que había querido, era a su abuelo. Y estaba muerto, como los indeseables de sus padres. Todos en el otro lado, si es que existía. Estaba solo y así seguiría.

En cuanto el equipo estuvo reunido, se quitó la sudadera, dejando que las primeras gotas mojaran su cara. Se la limpió y miró al cielo. No, no tenía frío, había aprendido a soportarlo con el paso de los años, cuya única manta era su chaqueta de cuero. Dio unos pequeños saltos en el sitio y se dirigió a la primera calle de la pista que vio. El club de atletismo le había ayudado con las drogas, si bien no podía tomarlas ni adquirirlas en Dunkelheit. Y se le estaba haciendo muy difícil. No era como si progresivamente las hubiese dejado, no. Fue de un día para otro. Y su cuerpo notaba que algo había cambiado, que después de ocho años no adquiría las substancias de todos los días. Sabía correr, había tenido que huir de policía y matones durante tres años, por lo que era rápido. Llevó un pierna hacia atrás para estirar el cuádriceps, y luego el otro. Giró los tobillos y las rodillas, y terminó arqueando su espalda. Estaba haciendo giros con su cuello cuando una voz a su lado llamó su atención. Miró a la chica de brillantes ojos azules,  cuyo color destacaba más que un azul normal, quizás por el gris del día. Miró hacia el otro lado, para comprobar si hablaba con él.- ¿Me lo dices a mí?- paró de hacer el ejercicio e hizo círculos con los brazos, igual que ella. Se encogió de hombros ante sus palabras.- ¿Y? ¿Quieres que te regale un pin?- sonrió y volvió a sus ejercicios. No conocía a la chica, sabía que era bastante sociable porque la había visto en el club, pero no quería que iniciara una conversación con él. Si le iba a invitar a su cumpleaños, se encontraría con un rotundo no en la cara. Rio y corrió en el sitio.-Vaya, veo que sabes sumar.- tuvo que responder a aquella suma inmediatamente. ¿Se había caído antes de llegar allí? Resulta que hay gente con humor en Dunkelheit, y yo sin saberlo.
Publicado por Phoenix R. Blackwood el Jue Ago 25, 2016 9:28 pm


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No esperaba que el chico me cambiara de carril (sabía que era un capricho infantil y que él seguramente había elegido un carril al azar), ni siquiera que entendiera mis indirectas sobre el número cinco. Pero tampoco esperaba que fuera tan antipático. Aunque lo del pin me había hecho gracia, incluso me gustó la idea de ir por el internado con un enorme cinco enganchado en la mochila. Eso me sacó una sonrisa que disimulé bastante bien, pero no le quitaba lo amargado al chico nuevo. Apenas había intercambiado unas palabras con él; lo había invitado a la fiesta de bienvenida, pero no recordaba haberlo visto ahí. Tal vez no le gustaban las fiestas. Tal vez no le gustan las personas, me corregí. Siendo justos, era muy pronto para hacerme una idea general de él, tal vez lo estaba prejuzgando.

Mientras el usurpador de carriles hacía un nuevo comentario sarcástico, yo me agaché hasta tocar con las puntas de los dedos las puntas de mis pies, y me quedé en esa posición por quince segundos, sintiendo cómo mis músculos se estiraban y las buenas intenciones que podía tener hacia aquel muchacho se esfumaban. Luego me levanté lentamente y me permití mirarlo antes de continuar con el calentamiento. Había notado que era guapo antes, y tuve que admitir que no me equivocaba. Ya entiendo por qué es tan borde, concluí. Seguro pensaba que nadie lo merecía, y que quien tuviera el privilegio de llamar su atención tendría que soportar su actitud.

–También sé contar hasta cien – respondí en tono apenas ácido a su muy poco ingenioso comentario – Pero al parecer hay quienes no saben sumar dos más dos como tú. Sonreí ligeramente y me giré para mirar hacia el frente de nuevo. Tal vez esté teniendo un mal día, argumentó la chica bienintencionada que había en mí. Tal vez todos los días son sus días malos, respondió mi yo sarcástica, porque está amargado como un limón. Doblé la rodilla izquierda y sostuve mi tobillo casi a la altura de la espalda. Decidí ignorar al chico mientras intentaba mantener el equilibrio, algo que no supe que era capaz de hacer hasta que llegué a Dunkelheit. Sin embargo, me costaba un poco más que al resto mantenerme en esa posición sin caerme de lado. Necesitaría de toda mi concentración para no caerme precisamente en el carril seis. Estúpido seis. Estúpido chico amargado.
Publicado por Delilah O'Rilley el Dom Sep 04, 2016 2:42 pm


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Observó cada movimiento de la chica para descubrir sus intenciones. El lenguaje corporal descubría mucho de uno mismo. Le habían enseñado a leer a una persona según sus gestos, sobre todo para reconocer a clientes de dinero. Sin quererlo, su vista se paró en su trasero mientras estiraba y, ni corto ni perezoso, no apartó sus ojos hasta que lo vio apropiado. No lo veía mal, y, además, ella no sabía lo que estaba haciendo. Si no podría haberse llevado una bofetada.

Sonrió y terminó de estirar los músculos y paró. Se sacudió las gotas de lluvia de la cara, esperando a  que sus compañeros terminaran de calentar. En realidad no quería aburrirse, por lo que decidió molestar un poco a la chica, además de tener curiosidad por su conversación de antes.- No me digas, ¿también en inglés?- le encantaba sacar de quicio a la gente. Rara vez hablaba más de lo necesario, pero ya que ella había iniciado aquel juego, pensaba seguirlo.-No se me dan bien las matemáticas, pero esa suma me la sé.- sonrió de medio lado y  se cruzó de brazos. Avanzó en el espacio para ponerse al lado de ella, ya que se había alejado de él, y se quedó quieto buscando algo que decirle.-Ten cuidado de no resbalarte y hacerte un esguince.- señaló con la mirada la pista, la cual se mojaba cada vez más y más, creando algunos charcos en las calles. Gracias a sus años en las calles sabía dónde pisar para no resbalar, por muy húmedo que estuviese el terreno. Miró al resto de equipo y pegó un par de saltos en el sitio.

Nunca había intercambio más que un par de palabras con ella. Lo había invitado a una fiesta pero, ¿para qué iba a querer ir? ¿Rodearse de pijos y relacionarse con ellos? No. Nunca. A menos que hubiese alcohol gratis, lo cual dudaba.- ¿Es que ahora me quieres invitar a tu cumpleaños? – se lanzó a preguntarle, recordando lo que había mencionado previamente. No, tampoco pensaba ir si lo invitaba, pero era una buena excusa para saber lo que quería. Y para que supiese que iba a ser su próxima víctima. Pensaba ser todo lo borde y antipático que pudiera con ella, tan sólo por llevar la razón y molestarla.
Publicado por Phoenix R. Blackwood el Vie Sep 09, 2016 8:54 pm


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No, no tienes ni idea de lo que estoy hablando, pensé. O era estúpido, o era un completo cretino. Y mientras más hablaba, más me decantaba por la segunda opción. Después de todo, ya alardeaba de ser bueno en matemáticas ¿Qué más daba que mis señales no fueran claras? Él igual estaba siendo antipático a más no poder, y estaba segura de que lo hacía a propósito. Me costó ignorarlo mientras terminaba los estiramientos, incluso miré al entrenador, esperando instrucciones, tras su comentario del esguince; pero sus palabras me zumbaban en los oídos, molestas como un mosquito que no te deja dormir por las noches. Podría encender la luz e ir tras él esgrimiendo un periódico, arrinconarlo hasta dejarlo sin escapatoria y aplastarlo contra la pared. No volvería a zumbar nunca más. Sería sólo una mancha en la pared, y yo volvería a dormir tranquila para despertar al día siguiente y correr en el carril cinco sin que nadie me estorbara. Era una bonita forma de verlo.

Había terminado de calentar y el entrenador pronto daría la orden de comenzar a trotar. Pensé que había terminado con el chico, levaba demasiado tiempo con la boca cerrada, así que me sorprendió escuchar la pregunta que me hizo después. Finalmente me giré hacia él para mirarlo con extrañeza. ¿Ahora esperaba que lo invitara a mi fiesta de cumpleaños? –¿Qué? – pregunté con muy poco tacto. Me lo reproché, por mucho que me desagradara no tenía por qué ser igual de antipática que él. Aunque tampoco esperaba que hablara en serio – ¿Por qué querrías ir? No estuviste en la última fiesta a la que te invité – comenté para quitarle importancia a mi primera reacción. Lo había invitado a la fiesta de bienvenida porque era nuevo y estaba en mi curso. Había intentado ser amable, y aunque no era nada del otro mundo había notado su ausencia y la había interpretado como un nulo interés por socializar. Y bueno, tenía derecho a no querer hacer amigos. Aunque no a ser tan antipática.

La orden finalmente llegó y comencé a trotar. Aquello no era una competencia y el ritmo que llevábamos era lo suficientemente lento como para mantener una conversación con el engreído del carril cinco – Tendrías que hablar con personas, ¿sabes? Mantener conversaciones, saludar a otros, bailar... llevarme un regalo – añadí lo último con malicia. Seguro que regalarme algo no estaba en sus planes próximos –. No sé si puedas con tanta presión – finalicé con tono sarcástico antes de quedarme un poco atrás en la primera curva. Estúpido carril seis, pensé, y apreté el paso hasta alcanzar la posición del chico. ¿Y qué si era un calentamiento? Él no iba a dejarme atrás.
Publicado por Delilah O'Rilley el Dom Oct 02, 2016 1:25 am


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