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Two pieces, w. J. Nate Seeber

Viernes 2 de Septiembre del 2012.

Las clases comenzarían el lunes y la joven se encontraba ansiosa por que eso pasara. Habían permitido que los estudiantes que no tenían a donde ir se quedaran, algo que hacían todos los años, pero que para Callie había sido una novedad y una alegre sorpresa, pues, no tenía muchos deseos de regresar a casa con su padre, aún le dolían todas las cosas que le habían pasado allí, que les habían pasado allí.

No estaba segura de cómo sería volver a esa casa que una vez había llamado hogar, si podía volver a ser un hogar, no cuando estaba el búnker, no cuando estaba su padre que tan poco apoyo les había brindado, no cuando la muerte de su madre aún era reciente. Callie quería pensar que en realidad no estaba muerta, que estaba con su padre y que cuando volviera a casa los dos correrían para abrazar a las gemelas, pero no estaba segura de sí soñar ese tipo de cosas sea bueno para mantener la cordura. Hizo una mueca mientras caminaba hacia el lago, lugar donde solía escapar, pues el bosque le daba un poco de miedo, cosa que aún y nunca aceptaría públicamente, y porque el internado y sus salas aún le daban un poco de claustrofobia.

Se dejó caer en la orilla, llevaba un short de jean y una camiseta que le quedaba grande y que era de una banda conocida, pero cuyo nombre a ella no le sonaba. No tenía idea de cómo su madre había tenido la ocurrencia de comprarle esa cosa, pero le gustaba. Más porque el negro atraía el calor, y para tratarse de los últimos días de verano, ya comenzaba a sentirse el frío. Callie observó las nubes que se deslizaban por el cielo, blancas, pomposas. Alguien había comentado que llovería uno de esos días, pero eso no le parecía a la joven que había disfrutado de todos esos días en el aire libre, jugando con las personas que, como ella, se habían quedado en las vacaciones.

Abrió su mochila de par en par, corriendo sus cabellos que le llegaban hasta el mentón cuando se inclinó para buscar entre sus cosas. Sacó un cuaderno y un boli, después de buscar un rato, sacó una regla. No tenía otras intenciones más que hacer un calendario de las asignaturas que le tocaban ese año, marcar las prácticas de soccer, las visitas con Motka y los días que le quedaban libres para poder practicar un poco. Ya a esa corta edad estaba deseando con ganas poder llegar a ser capitana del equipo. Era capitana en su antiguo instituto, pero también quería serlo en este, la diferencia era que estaba en los cursos menores, con suerte, cuando llegará a quinto podría pelear el puesto. Dejó toda su mochila a un lago y comenzó con su proyecto.
Publicado por Calliope C. Rohmer el Lun Ago 22, 2016 11:05 am




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—Bienvenido a Dunkelheit, James—. Se dijo a sí mismo en una especie de cálido recibimiento que parecía ser mejor que cualquier otra charla o promesa de que aquel internado sería la mejor experiencia de su vida. Toma un respiro y avanza, a partir de ese punto no había marcha atrás, incluso antes de recibir el sobre y abrirlo, James sabía que nada volvería a ser lo mismo.

Un niño de catorce años, alto y un poco delgado para su edad, alzaba sus ojos oscuros admirando la imponente estructura que sería su hogar en Escocia. La verdad Londres no se diferenciaba mucho de aquel sitio, no a simple vista; hacía frío, el cielo estaba nublado y siempre rondaba un olor a pino y a las más finas hierbas que se sembraban a los alrededores. Nate tenía una pequeña mochila y contadas pertenencias, lo único que destacaba en su mano era un balón de soccer de su equipo favorito, una de las cosas que su padre dejó que se llevara la noche que se fue de casa al igual que sus pinturas y cuadernos valiosos.

¿Sería muy diferente a su casa? Luego de partir de su vivienda el chico se había instalado en la residencia de su tía, Marie. Marie era la menor de los Seeber y, a pesar de que lo quería mucho, no era tan autoritaria. Los últimos vestigios de dictadura que James había vivido habían sido en su propia casa, nada más. Se había desacostumbrado por completo y esperaba, con su corta edad, poder tener el control de sus actos, no quería equivocarse.

Aún quedaba tiempo antes de la hora de entrada oficial, así que, como buen turista, el chico decidió recorrer los alrededores en soledad, adaptándose a la idea de que esa no era una escuela común sino un internado y que sería más cercano a un hogar que a un lugar donde aprender cátedras nada más.

James camina jugando con el balón en sus manos, llevaba puesto unos jeans negros y una camisa verde de mangas largas de unos comics que había leído, su calzado beige estaba impecable y llevaba un abrigo encima, su cabello "peinado" en puntas que él mismo se hizo y que no tenían un orden aparente. Odiaba los uniformes, quizás esa fuera la peor parte, no le gustaban y no se hacía la idea de andar por los pasillos vestido como el común de los mortales, lo hacía sentir mayor, viejo, como su padre.

James arruga el rostro al caer en cuenta del pensamiento que estaba tejiendo y da una patada fuerte al balón, esperando que este se vaya lo suficientemente lejos para que él pueda correr en su búsqueda y quizás sentir un poco de libertar en su rostro. El chico pierde de vista el objeto hasta darse cuenta que la esfera va rodando directo a una figura, una que estaba cerca de un lago, James empieza a correr, no quería comenzar su estadía con una pelea por darle a alguien con su balón.

La pelota rueda a sus anchas y da en la espalda de una chica, la figura que Nate había visto a lo lejos; una chica castaña de cabello corto y piel tostada. —Disculpa... la verdad no pensé que llegaría hasta acá—. Confiesa agachándose a tomar su preciado objeto, lo rodea con fuerza en sus brazos y se levanta con las mejillas ruborizadas, en parte por la carrera y en parte por su torpeza. —Hola... soy... nuevo. Disculpa… otra vez.
Publicado por J. Nate Seeber el Mar Ago 23, 2016 3:22 pm


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Con las pocas lapiceras de colores que tenía, una regla y hojas en blanco, las rayas comenzaron a aparecer. Daba uno segundos para que se secara y la tinta no se corriera antes de seguir. Callie estaba tranquila, escuchando el pequeño sonido de las olas del lago que se causaban a partir de la poca brisa que había en el lugar. Callie estaba en paz. Por primera vez, después de tanto tiempo, podía creer que ese sería un gran año y su suerte acabaría por cambiar. El internado ya comenzaba a volverse su hogar y todo lo que necesitaba para poder terminar de crecer. Tenía una gran biblioteca de la cual podría aprender un montón de cosas, y estudiaría hasta quemarse las pestañas para demostrar que se había ganado su lugar en aquel sitio.

Por lo bajo susurraba sus anotaciones que se vieron interrumpidas cuando algo redondo y duro goleó contra su espalda. Se dio vuelta ceñuda para encarar al responsable, pensando que se encontraría con uno de los alumnos de último curso que se divertían con esas cosas. En cambio, frente a ella solo se encontraba un joven que debía de ser de su edad, año más, año menos. Le sacaba unos centímetros, tenía el cabello corto y marrón, mismo color que sus ojos. Tenía las mejillas sonrojadas. En sus labios apareció una sonrisa, estaba preparada para poner su cara de “no me molesten”, pero solo se trataba de un chico con mala suerte.

”Nuevo” es un nombre muy extraño, usualmente después de decir “Yo soy…” viene tu nombre, y en tu lugar diría mi nombre, los de séptimo logran ponerle motes a todos y luego te perseguirá hasta que salgas de este lugar dijo con aires cantarines para intentar ponerle un poquito de humor a aquel encuentro. Ella también había sido nueva, no tendría problemas en ayudar como la habían ayudado a ella en su momento. Otro consejo, cuando veas que la pelota golpeara a alguien, grita, suele ayudar a las personas que tienen buenos reflejos, los otros son un caso perdido, pero al menos les adviertes.

La pequeña de trece años modularizaba más de la cuenta a causa de su fina voz. Aún tenía una voz de niña que deseaba hacerse escuchar en el mundo. Dejando el bolígrafo sobre sus cosas estiro su mano hacia el chico nuevo.

Mi nombre es Callie, es mi segundo año en este lugar. No te preocupes, te acostumbraras rápido, ¿juegas? preguntó señalando el balón. Los deportes siempre le habían gustado, pero en especial el futbol y el básquet, lamentablemente, para el segundo, nunca lograría tener la altura suficiente, pero eso no le impedía jugarlo o anotarse al grupo que jugaba los sábados por la mañana en el internado. En cuanto al soccer, esperaba que el chico se anotara en el equipo, siempre era bueno que mucha gente se anotara y, mientras más eran, más podían intentar hacer un partido decente. A veces sentía que estaban jugando futbol cinco. Cortando con los prejuicios, Callie sabía bastante del deporte, le gustaba informarse de todo porque no le gustaba no tener respuestas a las preguntas. Incluso en su mochila ya guardaba los libros que verían ese año para poder estudiarlos antes de las clases y saber de qué estaba hablando el profesor y, así, cuando hiciera una pregunta, ella podría responder, cosa que no podría hacer si no se informaba antes.

Volviéndose a sentar, la joven mostró una pequeña sonrisa en sus labios rosáceos y finos.
Publicado por Calliope C. Rohmer el Dom Ago 28, 2016 5:55 pm




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Mentiría al decir que sus mejillas no se ruborizaron en extremo. Se sentía como un perfecto tonto al ser desnudado de esa manera por una chiquilla más o menos de su edad. Sí, no había dicho su nombre, en lugar de eso había caído ante la primera opción que cruzó ante sus narices y es que Nate estaba nervioso por completo, no había que conocerlo para darse cuenta de ello. Primer día en el internado y ya le había dado con un balón de soccer a una chica que aparentemente reposaba en el lago, solo le faltaba hacer algo por el estilo con alguno de los chicos de último curso, seguro acabaría de cabeza en el primer pantano que encontraran o lo humillarían de por vida.

Ante el calor perenne en su rostro, sus ojos se abren de golpe; muchas ideas cruzaban su cabeza y la verdad es que ninguna parecía la correcta para salir a flote y empezar una conversación normal. —Eh... claro, gracias por el dato—. Asiente más veces de lo necesario y rasca su nuca, se sentía sumamente desadaptado en ese lugar. Había llegado prometiendo que nadie sería lo suficientemente fuerte como para dominarlo y ahora estaba cayendo ante la primera chica que conocía. Ella enía unas mejillas graciosas, por cierto, redondas como manzanas, se elevaban cuando hablaba dando ciertos dotes de ternura. —Okey, okey. Lo haré la próxima vez—. De nuevo asiente. No estás haciendo bien las cosas, James.

Ve como la castaña le tiende la mano. El chico se traba por unos instantes aun sosteniendo el balón en sus manos. Pasa la esfera a uno de sus brazos y cierra aquella presentación apretando un poco (de manera involuntaria) la mano de aquella niña. —Yo soy J... Nate, me gusta que me digan Nate, de Nathaniel—. Su verdadero nombre era James, James Nathaniel Seeber, algo aristocrático para su gusto. Su padre siempre le había dicho James, todos en su casa lo conocían así, pero ahora que estaba empezando desde cero por su cuenta quizás pudiera usar el apelativo que mejor le pareciera. ¿Era libre, cierto?

Nate se sienta a un lado de Callie, como había dicho que se llamaba, guardando una distancia normal. —¿Callie de qué...? Digo, tu nombre—. No se le ocurría nada de momento. El chico suelta la mochila y deja el balón entre sus piernas, es ahí cuando recuerda la pregunta de la muchacha. —Sí, juego desde hace varios años—. Sonríe un poco y sus ojos se iluminan aunque él no pueda darse cuenta. Exageraba puesto que había mejorado su técnica hace poco, pero quizás era una manera de sentirse más grande ante aquella joven de cabellos despeinados. —¿Tu juegas? Mis equipos favoritos son el Real Madrid, Chelsea, incluso el Milan—. Cuenta mientras gira su vista a su acompañante.

Nate, por un segundo, mira al internado y no puede evitar arrugar la nariz. —¿Es bueno este lugar?—. Por fortuna su nueva compañera ya llevaba un año y, a pesar de que ambos parecían tener una edad similar, Nate no podía evitar preguntarle, estaba a la completa expectativa de lo que pudiera pasar en su vida de ahora en adelante dentro de esos muros.
Publicado por J. Nate Seeber el Vie Sep 09, 2016 11:56 am


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La joven dejó escapar una risilla mientras se preguntaba si ella también se había visto tan perdida el primer lugar en ese lugar. Más que seguro así había sido, pero por lo menos estaba con su hermana y no estaba sola. Nada nunca termina de ser malo cuando tienes personas que te quieren a tu lado.

Muerde su labio al escuchar como duda con su propio nombre, y cuando va a responder, se contiene de decirle “J”, al estilo de hombres de negro. Evita la pregunta que no había entendido sobre su nombre, pero, como todas las cosas que no entendía y que creía que no tenían relevancia, lo ignoró.

¡Genial! Yo también juego. Estoy ocupando actualmente el puesto de media punta en el equipo del internado, aunque no competimos contra nadie, solo entrenamos, es mi puesto favorito, ¿tú de qué juegas? preguntó curiosa, los deportes en general apasionaban a la joven y era un excelente tema para hablar, pues así podías conocer muchas cosas sobre la otra persona, además de que una persona con intereses siempre era una buena compañía, salvo que sus intereses sean la política y/o religión. Yo soy del Manchester United desde el día que mi padre se enteró que mi madre estaba embarazada. Antes solía ver todos sus partidos, lástima que aquí no esté permitido el cable. Tiene sentido solo serviría para comenzar una guerra entre estudiantes, y, si los profesores tuvieran el control, seguro que nos pondrían puros documentales y iuuu, odio los documentales, ¡son extremadamente aburridos! Salvo cuando hablan sobre el origen de ciertas comidas. Vi uno que era como se hacía una hamburguesa, pasando por la fábrica y todo eso, era bastante interesante.

Callie también gira su mirada al internado y se detiene en ella por un momento. ¿Era bueno? Era una pregunta muy compleja, dependía de cada una de las personas, de sus personalidades, de sus historias. Para ella era un escape perfecto. Era como si le hubieran enviado su carta de Hogwarts, pero sin toda la magia y con toda la magia al mismo tiempo. Era un lugar seguro, y después de lo que le había pasado con su hermana, no se sentía segura hacía mucho tiempo.

Te acostumbras después de un tiempo respondió encogiéndose de hombros y mirando a su compañero. No sabía cómo empezar a responder, prefirió empezar por lo básico. Cuando no tienes ningún lugar el cual llamar hogar, calculo, que es más sencillo acostumbrarse a las reglas y exigencias que imponen, pero no sé, es como entrar a Narnia, puedes encontrarte con cualquier cosa, de verdad, incluso deberías intentar entrar a los armarios, estoy seguro que uno de esos lleva a Narnia. Pero, hablando en serio, es un buen lugar si es lo que buscas. Todo depende de eso. Si lo que buscas es un lugar donde vivir a pleno tu adolescencia, dudo que sea de tu gusto, pero si solo quieres crecer para ganarte un lugar allí afuera, entonces puede servir. Es un buen lugar para encontrar amigos, al final de cuentas, todos tenemos algún problema que nos ha dejado aquí dentro. Supongo que a todos nos han lastimado, y aquí es fácil olvidarse de eso. Curan heridas, es seguro, puedes volver a dormir tranquilo, aprendes… No sé, supongo que algo deben tener para pagar por toda nuestra educación, pero parecen buenas personas. Es mejor si piensas que son buenas personas.

Sin darse cuenta, la mirada de la joven se había perdido en el lago y estaba arrancando algunas hierbas del piso, sus dedos estaban teñidos de verde cuando los miró. Su hermana no confiaba del todo en el lugar, pero tenía que hacerlo, era el único lugar que tenían, mejor era amarlo y dejarse llevar. Solo eran siete años y ya llevaban uno. Saldrían y todo estaría bien, pero, ahora, lo necesitaban.
Publicado por Calliope C. Rohmer el Dom Sep 25, 2016 2:09 am




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No había socializado con muchas personas, incluso en Norteamérica. No tenía demasiados amigos o amigas con los cuales pudiera mantener una conversación más o menos estable y que tuviera un sentido que perseguir. Sí, conocía personas, pero el carácter de Nate era tan cambiante que terminaba por alejarse y encerrarse en su propia burbuja sin ademán de salir. Todos parecían normales a la distancia y él era el único que vivía con una tía de apariencia joven, lejos de sus padres y con negras y oscuras vestiduras todo el tiempo. Nate era un fenómeno en medio del caos y lo peor es que se sentía mejor así que tratando de aparentar algo que no podía ser.

Ninguna chica le había respondido el tema del soccer con tanto entusiasmo y los chicos por su parte solo lo molestaban con las diferencias de equipo. Que la castaña se mostrara tan feliz de hablar con él sobre ese tópico lo entusiasmaba más de la cuenta y decidió prestarle atención de lleno viéndola directamente a los ojos. —Soy delantero, es el puesto que me gusta—. La posibilidad de un equipo escolar que lo acogiera para luego competir con otras escuelas hace que los ojos del chico brillen como nunca. —¿Un equipo local?, me gustaría participar—. Admite con claridad por primera vez durante aquella conversación.

Ella hablaba rápido y de varios temas a la vez. A Nate aquello solo puede causarle gracia, no puede evitarlo y deja salir una pequeña risa mientras sus ojos se desvían hacia el lago, le gustaba la vista, más de lo que podía decir, era un lujo que no se daba en New York donde todo estaba rodeado de edificios empresariales y donde escaseaban los espacios abiertos los cuales siempre estaban minados de personas que prohibían la privacidad. —Bien, no le veo lo malo al cable, aunque por algo debe ser, en la carta pintan este lugar como magnífico. Quizás bloqueen nuestros cerebros de los vicios de afuera—. Admite como si nada, como si hubiera tejido aquella explicación científica en segundos y como si fuera cualquier cosa. Se encoge de hombros mientras rasca la punta de su nariz y niega en el proceso. —No soporto ningún tipo de documental. Mi padre los adoraba, pero la verdad no les encuentro nada de gracia.

Decide preguntarle a una figura local todas las dudas que estaban pasando en ese momento por su cabeza. Nate no estaba seguro qué influencia tendría ese internado en su vida y si de verdad acabaría por cumplir sus sueños de forjarlo como una persona madura y estable que pudiera construir una vida propia con esfuerzo y suficiente talento de por medio. Ella, hasta ese momento, había sido muy amable, es por ello que Nate no tiene miedo de preguntarle y dejar salir sus dudas.

Su respuesta, en un primer lugar, no le agrada demasiado. Él no quería acostumbrarse a menos de que se sintiera bien ahí, pero decide dejarla hablar, quizás sus argumentos fueran de ayuda para que el chico no saliera corriendo en ese momento.

Entiende lo que dice. En un primer momento era lógico pensar que los chicos de esa edad querían vivir con locura su adolescencia y disfrutar cada momento, pero incluso antes de ir a Escocia, Nate había cometido actos de los que no estaba precisamente orgulloso así que no le molestaba un lugar tranquilo en el cual reposar y educarse para ser alguien en la vida y, al salir, ser él quien creara su futuro y no un padre adinerado que lo hiciera a sus espaldas. —Sí, supongo. Espero que este lugar me ayude a entrar en una buena universidad y... ya sabes, tener una buena vida afuera, independiente—. Aclara al verla, tendría que esperar.

Los ojos de James se fijan en la chica que parece absorta en su tarea de podar la grama con sus manos. El ceño del muchacho se frunce al ver sus manos. No piensa mucho antes de, con delicadeza, acerca su mano y quitar algunos trozos verdes de las yemas de los dedos de la chica. —Cuidado—. Advierte con naturalidad, como si de algún modo no quisiera que se lastimara con algún pequeño fino o cualquier rama existente. Al terminar la ve de nuevo, hay algo que le hizo un poco de ruido en medio de toda su explicación. —¿Te lastimaron fuera de aquí?—. Inquiere de manera directa.
Publicado por J. Nate Seeber el Dom Sep 25, 2016 1:09 pm


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