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Kurosawa, Júpiter Ororo

Júpiter Ororo Kurosawa



Datos Básicos

Edad: 24 años
Grupo: Adultos
Rango: Personal de limpieza
Played by: Hayley Kiyoko

Historia

Fecha de Nacimiento: 27 de septiembre de 1991.
Lugar de Nacimiento: NY, Estados Unidos.

historia:
—Si tuvieras la posibilidad de viajar a cualquier planeta, estrella o constelación ¿Cuál conocerías? —preguntó Novak mientras jugaba con la mano y dedos de Kira.

La joven levantó la mirada observando al muchacho a través de sus espesas pestañas. Sonrió al verlo con la mirada en las estrellas que se podían visualizar esa noche de verano.

—Ninguno, —respondió con una sonrisa en sus labios. Acababan de tener relaciones, de bañarse desnudos en la piscina, pero Novak no pudo evitar ver a la niña de diecisiete años que se encontraba en sus brazos al bajar la vista— me quedaría aquí contigo.

Y Ahí se manifestó la niña. El joven río sin sentirse tan joven a su lado. Kira era una muchacha hermosa, criada en una familia que le había pagado las clases de piano, de ballet, estudios en escuelas privadas, todo lo que quería; la misma había optado por una vida más simple, más relajada, más apta para cualquiera, pero seguía siendo una adolescente enamorada que era capaz de hacer comentarios como esos y luego pelear un partido en la Play. Y si bien el comentario de Kira lo debería animar, le apenaba no poder darle todo lo que necesitaba. Esa semana había sido lo mejor de su vida, dado que los padres de la joven se habían ido a París por diez días a causa de su aniversario y le habían dejado la casa a la niña. Habían pasado cada segundo al lado del otro, pero Novak había visto cómo vivía y le entristecía pensar que serían cosas que nunca le llegaría a dar. Kira tenía toda una vida por delante, tenía diecisiete, estaba en el instituto y tenía todas las oportunidades para poder asistir a la universidad. Él tenía treinta y tres, y era el culpable de que la relación tenga que mantenerse en secreto, previniendo una denuncia por abuso de edad.

Kira comienza a besar su mandíbula al notar su distracción e intentando llamar a su amado de nuevo a Tierra, a veces le aterraba saber qué estaba pensando, pero no podía negar que lo amaría de todas maneras. Aún recordaba la primera vez que lo había conocido, en la casa de un amigo, él se encontraba parado al borde de la puerta de la cocina, con una cerveza en la mano, su cabeza cargada de rulos, la barba corta y unos ojos verdes que la habían hipnotizado.

Era mayor, pero eso no había sido un obstáculo para la castaña, todos tenían derecho de amar a la persona de la que se enamoraban, no importaba el género o la edad. Luego Novak se había ofrecido llevarla a casa, y ella no se había negado. En ese auto se besaron por primera vez, su primer beso, y luego tuvieron su primera vez, la primera vez de ella, de ambos. Ese auto era el testigo del desarrollo de su amor, había estado ahí desde el primer momento y ahora estaba estacionado en la cochera de su padre. Se veía viejo y abandonado comparado con los autos de su padre. Pero ella lo amaba, y no le importaba cuánto ganaba o dónde vivía. Le gustaba su auto pequeño y el olor a cigarrillo que siempre tenía, mezclado con la menta que buscaba hacer que no se noté el primero. Le gustaba su departamento y las cosas que allí tenían, los cuadros y la cocina donde el joven se preparaba el café todas las mañanas. No le importaba la edad.

— ¿Tú a dónde irías? —preguntó ella, acomodando sus cabellos mientras se sentaba a horcajadas sobre él y las manos de su novio rápido llegaron a sus caderas mientras el joven miraba su cuerpo desnudo.

—A Júpiter. —Al no tratarse de la respuesta que esperaba, la menor se mostró confusa, sin entender por qué quería conocer un planeta que tan lejos se encontraba—. Es el planeta de tu signo, y es porque quiero ser el primero en conocer cada uno de sus secretos, cada curva, cada bajada, quiero ser el primero en todo, y él único. Conocerte a fondo, conocer todo de ti.

Esa respuesta, más acorde a lo que quería escuchar, hizo que se agachara para besarle y lo que comenzaron a los pies de la piscina acabó en la habitación de la joven. Terminando otra noche con los dos abrazados en la cama, agotados tras tener relaciones. Novak había estado con otras chicas antes, pero le divertía la curiosidad que la menor tenía para descubrir cosas nuevas y desarrollar su vida sexual.

*****

Amanecieron en la misma posición en la que se habían quedado dormidos. Kira giró para ver el rostro del muchacho que la estaba mirando dormir y comenzó a besar y jugar con el lóbulo de la oreja de la muchacha, quien gritó y río al mismo tiempo. Cinco minutos después las manos de Novak estaban atrapadas entre las de Kira y la joven estaba sentada sobre su novio, sonriente, victoriosa, radiante.

—Buen día —se dijeron como files desconocedores de lo que pasaba en la entrada de aquella casa.

Se suponía que los señores Plummer llegarían más tarde, pero ante la fiebre de George Plummer y la preocupación de dejar a su hija tanto tiempo en soledad, decidieron volver dos días antes. Esperar encontrar los desastres de una fiesta estaba entre las posibilidades, pero no esperaron encontrar a su hija en la posición en la que se encontraba y haciendo lo que le estaba haciendo a aquel hombre que era demasiado mayor para ella. Habían criado a la joven entre algodones, esperando lo mejor para ella, le habían dado todo lo que necesitaba y así se los pagaba.

Los gritos no tardaron en llegar, el primero el de una madre que había entrado a despertarla y se había encontrado con tal escena. Luego siguieron los gritos de regaños mientras Novak se vestía a toda velocidad y el señor Plummer lo echaba de la casa. Kira gritaba y trataba de explicarle que lo amaba y que no lo podían echar, pero sus padres no podían escuchar, habían traicionado su confianza. Los había engañado. Y el menor de los males de la joven era estar castigada hasta el año tres mil.

Con lágrimas en sus ojos vio como la persona que amaba se iba a través de la ventana.

*****

Pasarían tres semanas antes de que Kira tomara la decisión de ir a buscarle. Aún tenía que ir a clases, a sus actividades, podía escaparse un día, nadie se daría cuenta. Las discusiones con sus padres no habían cesado, y la joven no quería vivir allí, quería vivir con Novak, buscar trabajo y hacer su vida. Esos años de vivir como lo hacían sus padres no era lo suyo, ella no necesitaba tanto dinero, ni ropa caras ni el último celular, ella solo necesitaba el amor de su Novak. Había que entender que era joven y estaba enamorada. Lo amaba con cada parte de su ser y no iba a rendirse.

Ese día a la mañana, aprovechando que tenía entrenamiento después del colegio, empacó lo que creyó necesario entre la mochila y el bolso deportivo. Y cuando la dejaron en la puerta del colegio, regresó sobre sus pasos y tomó un taxi para ir a aquel barrio de mala muerte donde vivía Novak. Había tomado la decisión y se jugaría el todo o nada.

Ni bien bajó del auto el conductor se fue. Eran comunes los robos en aquel lugar, pero la joven caminaba segura. Un vecino le abrió la puerta para que pueda entrar al edificio y ella subió corriendo las escaleras con la esperanza en una sonrisa ilusionada de poder verlo nuevamente, pero al llegar se encontró una cinta policial sobre la puerta de su departamento, impidiendo su entrada.

En pánico retrocedió unos pasos hasta chocar con alguien, unos ruidos se escucharon cuando ciertos objetos cayeron.

—Lo... Lo siento —tartamudeó y al girar se encontró con Rafael, el vecino y mejor amigo de Novak—. ¿Rafa? ¿Qué está pasando? ¿A dónde vas?

Preguntó mientras miraba sus bolsos y como se lo veía nervioso y sorprendido de verla.

— ¿Kira? No deberías estar aquí —respondió tomando sus cosas y apurándose a salir. La joven lo siguió escaleras abajo—. Nove fue arrestado, nos atraparon vendiendo, yo logré salir, pero me van a registrar cuando descubran que soy su amigo. Me tengo que ir de aquí. Vete a casa y nunca me has visto, ¿ok?

— ¡No! ¡Espera! —pidió apresurándose para poder seguir su ritmo y tomándolo del brazo para que se detenga—. No puedo volver a casa, no tengo a dónde ir, por favor, explícame que está pasando, qué estaban vendiendo para que sea tan grave...

Sin poder contener las lágrimas la joven balbuceaba y rogaba por una explicación, pero Rafael solo la miró con compasión soltando un suspiro.

—Me tengo que ir, si quieres puedes venir, pero me tengo que ir en este momento.

Y Kira asintió, cualquier lugar sería mejor que su casa. El muchacho asintió a su par y en la puerta del departamento le pidió que se quede con las cosas mientras él iba por un auto. Al regresar de subieron y se alejaron de la ciudad escuchando las sirenas de la policía de fondo. Un sonido común, pero por primera vez Kira creyó que era por ella, por ellos.

En el viaje la joven se enteró que Novak se drogaba y vendía droga, su acompañante se rió de ella al darse cuenta que en verdad no tenía idea y le recordó que era una niña bien, algo que no le gustó. Viajaron por varias horas, hasta que en una estación de servicio cambiaron de auto.

—Lo robaste —susurró mientras avanzaban por la ruta. No era una pregunta.

—El anterior también.

Mientras más avanzaba el viaje comenzaba a arrepentirse de haberse ido. En aquel momento de histeria no había pensado con claridad. Ya era de noche, pero podría volver, volver a casa, lo único que se lo impedía era el orgullo. Preguntó nuevamente cuándo saldría Novak de prisión, le respondió que en unos años, y en silencio juró que lo esperaría. Esperaría cada día y lo iría a buscar cuando saliera, podrían casarse, tener hijos y una casa pequeña, podrían ser felices.

— ¿A dónde iremos... —dejó la pregunta a la mitad, donde Rafael había estacionado solo estaba su bolso y su mochila. La joven revisó y se dio cuenta de que el muchacho le había robado los ahorros que había llevado, y no solo eso, la había abandonado.

Desolada, comenzó a llorar sentada en el cordón de la vereda. ¿Quién la mandaba a hacer esas locuras? Ahora tendría que regresar con sus padres y escuchar cómo le decían que habían tenido razón. Como sus amigos se daban cuenta de que era una tonta, una ilusa.

—Señorita, ¿está usted bien? —un joven se había acuclillado a su lado, me tendía un pañuelo y le sonreía con ternura. Era un policía, pero no parecía ser muy adulto, se lo veía joven, con tez pálida y cabello rubio, y ante él la menor sólo pudo sorber por la nariz y tomar el pañuelo antes de tirarse arriba para recibir un abrazo. Una locura, pero en toda aquella soledad solo necesitaba que alguien la abrazara y le dijera que todo iba a estar bien. El oficial se puso tengo al instante e hizo equilibro para no caer—. Señorita... Todo va a estar bien.

Y fueron las mejores palabras del mundo.
Se separó al minuto y el oficial le pidió que se sentara. También le pidió que le diga que le había pasado, y ella contó todo hasta que ahora no podía volver a su hogar y que no tenía idea de dónde estaba.

—Estoy seguro que sus padres se alegraran mucho de verla, señorita, ¿cuántos años tiene usted? —era un amable, muy amable oficial. Kira sabía que tenía mucha suerte de encontrarle—. Y en cuanto a que no sabe dónde está, pues permítame decirle que usted se encuentra en Savannah, Georgia.

—Es muy lejos de Nueva York ¿no? —preguntó aún nerviosa y el oficial rió—. Y no me diga señorita, me llamo Júpiter, tengo dieciocho.

—Un gusto, mi nombre es Roger. Ahora póngase de pie. Vamos que no la lastimaré. —Y tomando aquella extraña mano la joven se puso de pie, no muy segura de sí haber mentido era una buena idea.

Roger la llevó a una casa que tenía la luz de una de las salas encendidas, pero al entrar no había nadie. El oficial le dejó el bolso en una silla.

— ¿Quién vive aquí?

—Yo —respondió el oficial, y a Kira le sorprendió que la dejara pasar así como si nada—. Hay un baño arriba, puedes darte una ducha, el cuarto también está arriba, y si tienes hambre puedes sacar cualquier cosa de la cocina. Tengo que volver a trabajar, regresaré a las nueve. Descansa y mañana piensa que deseas hacer.

— ¿Me dejaras entrar así?

—Hasta donde tengo entendido, solo eres una joven asustada que tiene que descansar antes de decir que quieres hacer con tu vida. Eres adulta, puedes quedarte en el pueblo si quieres, yo te puedo ayudar.

— ¿Por qué?

Roger rió.

—No te culpo por desconfiar, pero también fui nuevo en este lugar. Puedes confiar en que no te lastimare. Ni siquiera estaré aquí. —Y tras decir esas palabras, se retiró de la casa, para volver unos segundos después—. Hay un juego de llaves al lado de la heladera.

Y después de eso se escuchó la puerta cerrarse con llave. Kira continuaba en shock.

En la soledad pasó las manos por sus mejillas y fuentes repasando aquel encuentro tan breve. En un resumen, le había mentido a un oficial sobre su nombre e identidad y también sobre su edad, porque estaba claro que no era mayor de edad. ¿En qué estaba pensado? El pánico cayó como una avalancha sobre sus hombros y comenzó a temblar tanto por el frío como por el temor de lo que pasaría si descubría la verdad. Aunque, no tenía que descubrirla. Podía irse al día siguiente.

Cuestionándose en quién se había convertido, subió las escaleras hasta el baño y tomó una ducha caliente que le ayudó para calentarse los huesos y dejar de temblar.

Luego de la ducha tuvo que aceptar que Roger tenía razón con la misma, pensaba con más claridad. Aquel hombre le había salvado la vida ese día. Organizó sus ideas y buscó algo para dormir, pero al darse cuenta de que solo había metido ropa de vestir, abrió el armario del oficial y tomó prestada una remera que lavaría al día siguiente ni bien se levantara. Al otro día, le agradecería todas las molestias y buscaría un lugar donde quedarse, por ahí un trabajo sería más conveniente antes que un lugar que no iba a poder pagar. En la cama respiró para no entrar en pánico nuevamente. Todo estaba bien, estaba a salvo, ahora solo tendría que afrontarse a la vida donde cada día sería un nuevo desafío.

Extrañó la casa de sus padres, que entraran para desearle buenas noches y que le hubieran solucionado toda la juventud que Kira había lanzado por la borda. No, Kira no. Kira ya no estaba, ahora era Júpiter. La chica que buscaría una manera de mantenerse con vida, sin pensar en los sacrificios que haría, y esperaría a que Novak saliera de prisión para ir a buscarle, para eso tendría que averiguar dónde estaba y cuándo salía, pero era algo que podía esperar por lo que Rafa había mencionado en el viaje, antes de robarle y dejarla abandonada. Definitivamente tomaría algunas clases de boxeo para poder darle un buen zurdazo la próxima vez que lo viera.

*****

Al otro día amaneció más que bien. El sol daba sobre su cuerpo, la almohada era suave y las mantas la habían mantenido abrigada y segura toda la noche. Tardó unos minutos en recordar dónde se encontraba y que tenía que ponerse a trabajar antes de que Roger llegara. Se puso de pie y se puso unos shorts de jean, quedándose con la remera unos minutos más. Retiró las sábanas, la toalla de baño que había utilizado, las ropas que había usado en el viaje, y bajo esperando encontrar la lavadora y que sea fácil de usar, nunca en su vida había lavado la ropa, pero no podía ser demasiado difícil.

Terminó de bajar las escaleras mirando no dejar nada atrás, con el cabello ya recogido y sin saber qué hora era, pequeño error.

—Buen día —saludó una voz masculina, profunda y suave, como la recordaba. Al voltear se encontró con un Roger que se reía por su aspecto y tomaba una taza de café bastante negro. Llevaba los ojos cansados y unas líneas oscuras debajo de los mismos. Trabajar de noche no le debería sentar tan bien—. ¿Quieres desayunar?

—No, gracias, ya has hecho demasiado por mí —respondió la joven rápidamente con deseos de tener las manos libres para poder arreglarse un poco, todos los sentimientos de la noche anterior no le habían hecho darse cuenta de lo guapo que era el oficial.

—Entonces un desayuno no le hará nada, además, ¿mantienes la cuenta de los favores que te hacen?

Júpiter, buscó alguna tangente por la cual escaparse, pero el oficial fue más rápido y puso a preparar más café.

— ¿Puedo poner a lavar la ropa primero?

— ¿Sabes dónde está la lavadora? ¿Hay lavadora?

—No, pero espero que me lo digas ahora así no tengo que dar vueltas por toda tu casa.

— ¿Sabes usar una lavadora?

—No es muy complicado. —Roger le levantó una ceja como respuesta—. Bien, no sé nada de eso. Me puedes decir como lavar la ropa así me siento un poco menos molestia.

— ¿Quieres sentirte menos molestia? —Júpiter asintió—. Toma asiento y desayuna conmigo. La lavadora hace mucho ruido y quiero dormir después de comer, te diré dónde está luego.

La joven le miró desafiante, pero como buen oficial, no dio el brazo a torcer y se encontró a si misma tomando asiento en una de las banquetas de la isla y tomando una de las tazas de café. Su rostro se frunció al instante. Estaba demasiado amargo.

—Lo siento —se rió el joven y le dejó cerca la leche y el azúcar.

—Terminaras con un agujero en el estómago.

—Hay peores cosas, ¿Verdad, Kira?

—Estoy segura que sí, pero esto no creo que sea demasiado nutritivo, además, irás a dormir, ¿para qué necesitas un café tan cargado? Toma un vaso de leche o té, es más relajante, ¿sabes? —bromeó y luego de un sorbo de café y la mirada paciente de Roger que esperaba algo más de la respuesta. Le había dicho Kira, y ella había respondido bajo la costumbre que llevaba. El oficial le mostró su documento—. ¿Revisaste mis cosas?

Por un segundo creyó ver en los ojos de su salvador la decepción al darse cuenta de que eran en vano las esperanzas de que hubiera dicho la verdad y el documento sea una mentira.

—Dejaste tu billetera sobre la mesada, además, esto estaba en la oficina, lo tomé prestado, nadie lo notara, no es que esperen verte por estos lados. Aunque es suficiente para suponer que te andan buscando. Y no solo tus padres. —Eso último levantó sus alertas, no solo sus padres. Tomó aquel papel, no estaba lista para verse en uno de los carteles de buscada, pero allí estaba y en la descripción había una frase que le detuvo el corazón: sospechosa ante su relación con Novak Flepper. Narcotraficante.

—Yo…—no pudo decir más. —Yo…

— ¿Sabías que podría ir preso si algo te pasaba? Eres menor de edad y yo tengo veintiocho. Te dejé dormir en mi casa porque confíe en ti y me mentiste. —Júpiter no sabía determinar qué tan enojado estaba, se lo veía dolido y calmado mientras lanzaba aquellas palabras que había contenido. Era peor, los que se enojaban y se mostraban calmados eran los peores a la hora de enojarse—. Las personas te están buscando, la policía quiere una declaración tuya.

Roger continúo hablando mientras Júpiter comenzaba a llorar mientras se tomaba la cabeza. ¿En dónde se había metido? ¿Con quién había estado saliendo todo ese tiempo? ¿Por qué nadie le dijo nada? Debería haber vuelto a su casa, su padre se habría encargado de todo en un abrir y cerrar de ojos. Ella no podía. Era muy joven. No podía.

—Ya, lo siento. Calma —la consoló el oficial que la estaba acunando en un abrazo para que dejara de llorar de la manera en la que lo estaba haciendo—. Respira, eso, respira.

—Yo no sabía… juro que no sabía nada, yo no sé nada —lloró desconsolada, devastada ante las mentiras que había recibido y ante el futuro que la esperaba. Acabaría en la cárcel, iba a terminar en la cárcel. Y algo de eso debió decir en voz alta porque lo siguiente que sintió fue una bofetada que buscaba espabilarla. Y funcionó— Lo siento. Entre en pánico.

—Me di cuenta —respondió él mirándola como si se hubiera convertido en un marciano—. ¿Ya estás calmada?

La muchacha asintió y tomó el vaso de agua que le había pasado.

—Es que no sé qué voy a hacer… —agregó moqueando, pero intentando contener el mar de lágrimas que se aproximaba nuevamente.

—Escucha, puedes estar calmada, si te largas a llorar no vas a solucionar nada. ¿Has dejado en tu casa una nota de que te ibas por tu propia voluntad? —Asintió—. Bien, eso quiere decir que tienes tiempo, no van a suponer que él te secuestro, pero puede que crean que trabajas para él, como encontraron todo (salió en los periódicos y todas las noticias), no van a creer que te escapaste con algo. Mejor, primero piensa que quieres hacer de tu vida, y de ahí podemos buscar una solución. No vas a terminar en la cárcel si no hay hecho nada malo.

—Me escapé de mi casa, en un auto de un desconocido y luego me enteré que era robado —agregó ella, aún alarmada—. ¿Cómo eso no es malo?

—En ese caso podemos decir que fue un secuestro, no tenías idea de a dónde ibas.

—Y robó mis ahorros.

Roger se rió de su puchero, pero luego empezó a analizar las opciones para ella.

Resultaba ser que el joven se había recibido de abogado, pero nunca había ejercido, pues, ni bien terminó hizo el curso y entró a la policía, porque quería marcar más la diferencia o algo así. Júpiter también se enteró que había tenido una hermana, pero había muerto y sus padres vivían en Texas.

Después de tanto hablar acordaron que se podía quedar, y que si alguien preguntaba su nombre era Júpiter Ororo Kurosawa, el segundo nombre estaba de más, pero ella siempre había tenido dos nombres y amaba a Tormenta de los ‘Hombres X’. El apellido era el de soltera de su madre, y en sus rasgos se notaba su descendencia japonesa, nadie podría reprochar nada. Y por supuesto, dirían que era mayor de edad hasta que lo fuera, para que él no tuviera problemas.
Se dio otra ducha después de esa charla, y le sentó bien. La calmaba, y estar calmada era algo bueno.

*****

Dos meses después, las cosas marchaban con viento en popa. En dos semanas tendría la mayoría de edad, y eso la hacía extremadamente feliz. Su jefa, Sarah y su amiga Kitie, sabían que era menor, pero Roger las conocía y le habían hecho el favor de pasarlo por alto. Trabajar en un jardín de infantes no era lo que esperaba, pero no daba clases, solo limpiaba con Kitie el desastre que los pequeños hacían, la misma estaba estudiando para maestra jardinera, estar con los chicos le era de suma utilidad y cuando Sarah daba clases la dejaba ayudar. Júpiter esperaba poder hacer lo mismo, pero primero quería ahorrar un poco antes de empezar a terminar el secundario en una escuela nocturna.

Aún seguía viviendo con Roger, pero porque conseguir un departamento cuando trabajas en negro y sin ser mayor de edad era bastante más complicado de lo que parecía. Por otro lado, los contactos de Roger, le había pedido que no preguntara por ellos y la joven no lo hizo, habían conseguido autenticar la declaración que había hecho sobre Novak, donde decía desconocer todas las ilegalidades que había cometido. Le habían hecho una prueba de esas que te miran las pulsaciones para saber si había mentido, Júp nunca recordaba su nombre, eso hacía reír a Roger, pero en la comisaría habían estado bastante felices porque nunca la habían usado con nadie. Era un pueblo bastante tranquilo. En la comisaría también sabían que era menor de edad, en especial el jefe de Roger, y habían asegurado que no harían ninguna denuncia.

Roger era una muy buena persona. Demasiado buena. Me había salvado, era amable, responsable, trabajaba mucho y muchas personas lo respetaban. Nunca le contaba nada de su pasado, pero porque era una de las condiciones por las que se había quedado. Número uno, no hacer preguntas sobre el pasado, número dos, pedirle cualquier cosa que necesitara. Júpiter estaba comenzando a enamorarse de él, pero no podía evitarlo. Era hermoso. De todas maneras, no había intentado nada, no quería meterlo en problemas y no parecía que él sintiera lo mismo.

— ¿Necesitas algo del mercado? —preguntó Roger mientras Júpiter lo observaba por encima de la revista. No podía ser tan guapo.

Negó—: ¿Quieres que te acompañe?

El también negó, pero se la quedó mirando unos segundos más de lo que era necesario. La joven corrió el cabello, ahora rubio (idea de Kitie), de su cara, y le regresó la mirada a la espera de que hablara. Pero Roger solo le sonrió a medias y siguió revisando la alacena para ver si faltaba algo.

—Creía que cuando me hiciste jurar eterna sinceridad iba por ambas partes —comentó la joven en broma regresando al artículo que comentaba bajo que luna había que cortarse el pelo para que crezca rápido.

—No es nada. —Júpiter levantó la mirada. Roger era pésimo para las mentiras, por eso varias personas sabían que era menor—. Es solo que nunca me has pedido cosas femeninas, y nunca he visto nada de eso. Tuve una hermana, ¿recuerdas? Vivió en tu habitación por dos meses.

Pocas veces mencionaba a su hermana, pero siempre lo hacía con cariño. Júpiter esperaba conocerla algún día, pero, al igual que el resto de su familia, seguía sin ver un pelo de ella.

En cuanto a las cosas femeninas, sí, Júpiter no había necesitado, pero era normal, aún era joven, el período se le corría varias veces. Como no tomaba pastillas, era sumamente irregular. Era una lástima que el oficial se fijara en cada detalle. No le gustaba hablar de esas cosas con él, prefería a Kitie o a Sarah, mujeres. Por lo tanto, se encogió de hombros siguiendo con la mirada en el artículo y las mejillas enrojecidas.

—Jú, sé que sigues sin obra social por el momento, pero en un mes cumples obra social y la tendrás, pero si necesitas ir al médico, puedes decirme, yo pagaré de ser necesario.

—No es necesario —se apresuró a decir—. Es normal, hablé con Sarah, una vez que comience a tomar pastillas seré más regular.

La respuesta no pareció convencerle, Júpiter se dio cuenta, pero espero a que volviera al tema tras una vuelta más en la casa.

—Pero si necesitas…

—Te diré, ¿seguro que no quieres que vaya al mercado contigo?

—Está bien, pero quiero que tú estés bien.

— ¡Bien! Iremos al médico si eso te hace feliz, pero todo está bien —respondió ya exasperada de la insistencia del joven, y también de su terquedad.

Fueron al mercado y recogieron las cosas que necesitaban. La joven había notado que varias chicas siempre miraban bien al oficial, pero siempre acaban mirándola con desagrado. A ella le causaba gracia que estuvieran celosas tantas muchachas. Roger siempre la trataba como a una niña, si en el pueblo eso se supiera, sabrían que no era competencia, pero según Kitie, era un pueblo chico y en pueblo chico las personas estables como Roger eran bastante codiciadas.

Al día siguiente fueron al médico. Ambos tranquilos, la primera por naturaleza, el segundo porque ella estaba tranquila, solo por eso.

El médico le hizo varias preguntas. La midió, la peso, aprovecho para ver su espalda y terminó concluyendo que era mejor sacarse las dudas con una ecografía, pero de todas maneras le recetó las pastillas.

Júpiter ya se había hecho una ecografía una vez. Cuando acompañó a su madre para un control y el médico le preguntó si quería hacerse una para ver cómo era. Hasta ese momento la joven siempre había creído que esas cosas se las hacían las personas embarazadas. Cuando sintió el líquido fría contra su panza se estremeció, pero lo esperaba. Roger le tomó la mano, pero cuando lo miró, tenía la mirada en la pantalla, se dio cuenta que había sido por instinto. Era una ternura. ¿Cómo no se lo podía amar? Se levantaría y besaría esos labios finos si no fuera porque la cordura y la razón habían recuperado voz y voto en sus acciones.

—Aja, ¿cuándo fue que tuviste tu última menstruación? —preguntó el médico, y la joven respondió por millonésima vez que hacía dos meses— En ese caso tienes un poco más de ocho semanas.

Apocalipsis en la mente de la joven. ¿Por qué el destino la odiaba?

Roger tardó unos veinte minutos en hacer que se calmara. El médico le pidió que se hiciera unos análisis al día siguiente para poder estar más seguros sobre el bebé, y que quería verla seguido para asegurarse que no había ningún problema. Cuando salió del hospital todavía estaba en shock, al igual que cuando llegó a la casa con un pote de helado que el joven le había comprado. Descubrimiento del oficial, el helado de chocolate le calmaba los nervios a la menor.

— ¿Estás mejor?

— ¿Mejor? ¡Estoy embarazada! ¡¿Cómo voy a estar bien?! ¿Sabes por dónde saldrá ese bebé? ¿Quién se pondrá gorda? Apenas puedo con mi vida, ¿cómo quieres que cuide a alguien más? —gritó nerviosa y comenzó a comer el helado a grandes cucharadas que le congelaban el cerebro.

Roger se sentó a su lado.

—Tranquila, sabes que yo estoy contigo. Todo va a estar bien.

— ¿Cómo lo sabes?

—Mi hermana estuvo embarazada. —No era la noticia que Júpiter esperaba, pero se detuvo de comer y lo miró esperando saber cómo eso tenía algo que ver con ella. Roger tomó aire antes de continuar—: Era ocho años mayor que ella. Tenía quince cuando quedó embarazada, yo tenía veintitrés, ya vivía acá. Es un pueblo chico, pero tienen una buena universidad de biología. Eso estudiaba. Vino y me pidió quedarse acá por un tiempo. Mi madre nos abandonó de joven, y nuestro padre era juez, siempre había sido demasiado estricto, a ninguno de nosotros dos le gustaba. La dejé quedarse. Al mes comenzó a hablar de irse, de escapar. Le dije que se quedara, porque no tenía dinero, no tenía a donde ir, y yo tampoco.  Dijo que encontraría personas que la ayudarían y armaría su vida.

— ¿Qué pasó?

—Un día llegué de la universidad y se había ido. Pensé que estaría bien, pero a los dos meses llamaron para informar que la habían encontrado —no había que ser un genio para saber que esa historia le dolía al contarla, ella tenía su mano para darle fuerza, y Roger tomaba aire con bastante frecuencia—. Estaba muerta, no encontró personas amables a dónde fue. Y luego me enteré que estaba embarazada. Sus amigas lo sabían, por eso se había escapado de casa. Estuvo embarazada cuando vino para acá, y yo nunca me di cuenta.

—No fue tu culpa —dijo como una tonta que no sabe que decir en una situación como esa.

—Lo sé, pero podría haber ayudado si hubiera prestado atención a los detalles. Desde ahí que quiero ser detective, estudié primero para ser policía, y ahora solo espero el momento para avanzar, aunque dudo que lo haga, me gusta mi puesto.

Él la abrazó, y en ese abrazo se dio cuenta de por qué la había ayudado.

—Cuando me encontraste…

—Me hiciste acordar a ella.

—Gracias.

—No hay que darlas.

*****

—Te vas a ir, ¿cierto? —Júpiter asintió ante la pregunta de su madre—. ¿Qué hay de Venus?

—Tú lo dijiste, necesita algo mejor de lo que yo le puedo dar.

Ambas se quedaron en silencio. Madre e hija, sentadas una al lado de la otra en aquella noche lluviosa, observando a la pequeña bebé dormir en su cama pequeña.

Venus cumpliría los tres años en unos meses. Las cosas con Roger habían sido perfectas desde que se encontró con él. Cuando cumplió la mayoría de edad habían empezado a estar juntos, nunca se habían apartado desde entonces. Después de tener a la pequeña dijo que se haría cargo de ambas, y hablaron de casarse cuando las cosas se calmaran, ninguno de los dos sabía cómo criar a una niña. Era la primera aventura que tenían juntos. La mejor de todas.

Habían tenido sus altos y bajos, pero habían estado juntos. Júpiter había regresado al jardín a trabajar y continúo el secundario en una nocturna. Él siguió su camino como detective. Todo iba bien, hasta que una persecución de unos fugitivos salió mal y murió. Estaba maldita, eso fue lo que pensó cuando le dieron la noticia. Y a los pocos días conoció al padre de Roger y se enteró porque no se llevaban bien, eran opuestos. Él no tenía piedad. La sacó de la casa, sacó las cosas de Roger y la dejó sola con su niña. Sarah la acogió, pero el espacio era pequeño, y sus ahorros poco ayudaban. Su madre la encontró semanas después y la convenció para regresar a casa. La habían buscado por cielo y tierra, se habían detenido cuando una carta de Roger llegó explicando que estaba bien. Les había dado la dirección, les había mandado fotos, les había asegurado que estaba a salvo y sana. Él había mantenido el contacto con sus padres, les había dado una tranquilidad en la que ella nunca pensó. Su madre la buscó al ver que no llegaban más cartas, o eso es lo que le dijo a su hija cuando preguntó.

¿Por qué se tenían que llevar a una persona tan buena y gentil como él? Nunca lo sabría, pero se lo habían llevado, y con él, se habían llevado toda su felicidad.

— ¿A dónde irás? —preguntó su madre, y Júpiter le mostró la carta del internado escocés que había recibido—. Parece bueno.

Júpiter ignoró la tristeza que había en la voz de su madre.

—No me puedo quedar acá, ésta dejó de ser mi vida hace mucho tiempo —le explicó mirando las paredes que una vez habían sido su habitación y que ahora eran las de Venus.

—Te voy a extrañar como te he extrañado todos estos años.

—Y yo te extrañaré a ti, y a ella, pero vendré en vacaciones. Lo prometo. No la abandonaré. No para siempre.

—Lo sé, la cuidaré para ti.

Y cargada de una vida de desgracias, con tristezas y alegrías del pasado, tomó su bolso y marchó al internado. Donde se encontraría desde esos días, hasta la actualidad. Cuatro años mirando como su hija crecía de vacaciones a vacaciones. Cuatro años de verla correr hacia sus brazos cada vez que la veía llegar en el taxi. Cuatro años de los que ahora se arrepentía por no estar a su lado todos los días de todas las semanas de todos los meses del año.


Familiares:
» George Plummer: Padre. No tienen una buena relación desde que se enteró que mantenía una relación con una persona bastante mayor a ella, y después de que Júpiter huyera y regresara, no pudieron volver a restablecer la confianza entre ambos.

» Sora Plummer: Madre. Siempre supo que podía confiar en ella, pero a veces duda que así sea, y luego se arrepiente. Al regresar con ella se encontró una persona diferente. Una que ahora extraña más a menudo.

» Venus Kurosawa: Fue idea de Roger llamarla Venus, claro que Júpiter nunca le contó por qué había elegido ese nombre para ella, pero lo aceptó porque a él le gustaba, y era un nombre hermoso. Ama a su hija como nada en su vida y es lo único que le duele cuando regresa a cumplir sus tareas al internado.

Personalidad

Algo que tienes que saber de ella: las mañanas no son su momento, por la tarde, después de comer, ya recupera su humor, pero la mañana es mejor incluso que no te cruces con ella. Júpiter es una persona paciente, tranquila y respetuosa, pero ninguna de esas cosas hace que sea una niña tonta que ríe todo el tiempo, incluso, casi nunca se ríe, sonríe y todas esas cosas, pero no es algo que se le vea hacer con frecuencia. Se podría decir que es difícil de sorprender, dado que su vida estuvo llena de sorpresas y ahora casi nada la altera. Como bien dijimos, suele respetar la mentalidad de otras personas, pero eso no quiere decir que las escuche, lo que no le gusta lo ignora con todo el estilo que tiene.

Es despreocupada consigo misma, y colgada en cuanto al tiempo. No es de esas personas responsable que tienen todo desde el primer momento, todo lo contrario, son de las que a medianoche se acuerdan que tienen que preparar una clase. Es buena improvisando, dejándose llevar, ella no basa sus conocimientos en libros sino en la experiencia y eso es lo mas importante para Júpiter, vivir, por mas que duela, por mas que al final uno termine llorando todo el tiempo.

Esta joven a veces se deprime un poco, dado por la historia que carga en sus hombros, pero siempre trata de buscar algo que la saque de ese pozo y la lleve a la vida real. No suele tener problemas para relacionarse con otras personas, pero siempre termina alejando a las personas de si misma, ya le han roto demasiado el corazón para romperlo de nuevo. ¿Lista? Lo sea o no a ella no le importa, para la muchacha hay cosas que no se pueden evaluar, y saber o no es cosa de pocos, puedes conocer toda la historia del mundo, pero si no has vivido aunque sea un día no comprenderás nada. Suele ser comprensiva y alentadora, no soporta que las personas se estanquen y no puedan avanzar mas. Siempre esta dispuesta a ayudar y quizá, muchas veces, eso le juega en contra, a veces da la confianza sin darse cuenta y luego se da cuenta de que fue un error, por eso trata, también, de mantener a las personas alejadas, porque le es sencillo encariñarse con las personas.

Para Júpiter, preocuparse es abrir una puerta que te puede llevar a la destrucción, si te preocupas por las personas, tienes varias oportunidades de salir lastimado, pero es un riesgo que a veces toma sin pensar.

Virtudes:
» Predispuesta
» Generosa
» Buena consejera.

Defectos:
» Torpe
» Miedosa
» Cobarde

Otros Datos

Pertenencias:
» Una fotografía de su hija con Roger.
» Un colgante que le regaló Roger de plata que tiene incrustada una piedra semipreciosa.
» Un anillo.

Enfermedades, Miedos y Manías:
» Tiene miedo de perder a su hija, de no verla nunca más.
» Le dan miedo los fantasmas.
» Colecciona hojas de otoño y piedras.
» Según ella, está maldita, si una tragedia le puede pasar a cualquiera, le terminará cayendo a ella.

Habilidades:
» Es muy buena tratando a los niños. Aprendió en el jardín donde trabajo, también limpiando.
» Dicen que hace excelentes chocolates calientes y emparedados de queso.
» Sabe cantar, tocar la guitarra y el piano, pero no practica ninguna de esas cosas hace un buen tiempo. Salvo cantar, le cantaba a su pequeña para que se durmiera o dejara de llorar.

¿Sabías que...?:
» Ama a los insectos, le resultan demasiado fascinantes, en especial las arañas.
» Su hija iba a tener el apellido de Roger, pero ella quiso esperar a que estuvieran casados, momento que nunca llegó.
» Todas las noches antes de dormir canta una canción de cuna mirando la foto de su hija y Roger.
Publicado por Júpiter O. Kurosawa el Dom Ago 14, 2016 12:04 pm
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And sometimes you held somebody’s hand just to prove that you were still alive, and that another human being was there to testify to that fact.
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Publicado por Alfred M. Motka el Miér Ago 17, 2016 1:31 pm
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